"Hoy día, los medios no están para hacernos salir del miedo, sino para saber usar el miedo."
En el discurso de Jesús Martín Barbero tras recibir el grado de Doctor Honoris Causa de la PUCP.
martes, abril 06, 2010
El caso Paulette, las trampas del reality
“Ustedes me dicen en qué momento puedo llorar”, les dijo Lisette Farah a los reporteros de TV Azteca que la entrevistaron hace diez días, en el mismo dormitorio en el que se encontró el cadáver de su hija Paulette.
Jenaro Villamil en Proceso.
Jenaro Villamil en Proceso.
El imaginario del miedo
"Alimentándose de los medios y la inseguridad producidos por las nuevas formas de violencia urbana y por la percepción de que el estado ya no es capaz de garantizar la seguridad, los medios contribuyen a generar un “imaginario del miedo”(Rossana Reguillo), esto es, una configuración simbólica que viene a dar sentido a las experiencias de indefensión y vulnerabilidad extrema de la sociedad."
América Latina. Otras visiones desde la cultura."Cultura, conflictos y formas de convivencia" por Guillermo Sunkel.
América Latina. Otras visiones desde la cultura."Cultura, conflictos y formas de convivencia" por Guillermo Sunkel.
Los voceros contra(atacan)
"Nadie se sorprenda, pues, si Paulette se asfixió contra la base del colchón y su cuerpecito estuvo siempre donde se encontró."
Carlos Marín, vocero de La República de la Televisión.
Carlos Marín, vocero de La República de la Televisión.
Proceso vs la vocería republicana televisiva
“Estamos envueltos en la competencia unas veces leal otras no tanto y los críticos desde sus cómodas bibliotecas de analistas que no se ensucian el traje con mucha frecuencia hacen críticas, sin conocer el oficio, pero afortunadamente hay otra crítica que resulta más importante”.
Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso en entrevista con Ricardo Rocha.
Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso en entrevista con Ricardo Rocha.
La guerra perdida del vocero
"Como lo expresa Don Julio en LA TERCA MEMORIA, en algún momento luego de haber dejado la dirección de la revista PROCESO, tuvo documentos donde el gobierno federal pagaba a la revista NEXOS publicidad por adelantado. Esto desde luego ventilaba la cercanía de Héctor Aguilar Camín con el gobierno y los contratos millonarios de confianza a la revista sin condición alguna.
Héctor Aguilar Camín fue avisado de la documentación que tenía PROCESO y buscó directamente a Julio Scherer para detener la publicación. Evidentemente no tuvo éxito y los nexos mercantiles de NEXOS con el gobierno federal subieron al escenario de lo público. Obviamente HAC no olvidó aquel suceso."
Juan José Solís Delgado, La Guerra de Héctor Aguilar Camín en SDPnoticias.
Contra(comunicado):
Voceros de La República de la Televisión, saben lo que están haciendo, y sin embargo, lo están haciendo.
La neurótica República de la Televisión
La revista Contralínea dio a conocer el "Plan 2030" de la derecha para integrar totalmente a México a Estados Unidos sin consultar a los mexicanos. Proceso entrevistó al Mayo Zambada que declaró firme: –la guerra contra el Narco está perdida–. Las balaceras en el norte de México aumentan su reto al Estado Ilegítimo: ayer atacaron un cuartel militar con granadas, y la neurótica República de la Televisión se quedó estancada dos semanas en un caso, humanamente lamentable sí, pero periodísticamente intrascendente: Paulette.
Los voceros llevan dos semanas hablando de la niña desaparecida/aparecida, sin explicación lógica y encobijando la coherencia periodística. Y la información de trascendencia nacional, de interés público, es sepultada por la avalancha del miedo republicano televisivo. Lo más alarmante es que las inconsistencias del caso Paulette son las mismas del caso Madeleine en Inglaterra:
"Madeleine McCann desapareció la tarde del jueves 3 de mayo de 2007. La niña inglesa, de entonces tres años de edad, estaba de vacaciones con sus padres y hermanos en un hotel de Praia da Luz, en el Algarve, Portugal y desapareció de un apartamento ubicado en la zona central del lugar, donde estaba alojada su familia. El apartamento había sido alquilado en el resort Mark Warner, para la temporada estival. Según investigación de la policía portuguesa, ésta concluyó en que Madeleine había sido dejada sin supervisión de un adulto mientras se encontraba con sus hermanos gemelos menores, niño y niña, de 2 años de edad, y que podría haber sido secuestrada, aunque luego aceptaron la posibilidad de que en realidad esté muerta, cosa que los padres tratan de no aceptar por ningún motivo."
Link a Wikipedia.
¿El caso Paulette es el remake Televisa de Madeleine McCann?
Los voceros llevan dos semanas hablando de la niña desaparecida/aparecida, sin explicación lógica y encobijando la coherencia periodística. Y la información de trascendencia nacional, de interés público, es sepultada por la avalancha del miedo republicano televisivo. Lo más alarmante es que las inconsistencias del caso Paulette son las mismas del caso Madeleine en Inglaterra:
"Madeleine McCann desapareció la tarde del jueves 3 de mayo de 2007. La niña inglesa, de entonces tres años de edad, estaba de vacaciones con sus padres y hermanos en un hotel de Praia da Luz, en el Algarve, Portugal y desapareció de un apartamento ubicado en la zona central del lugar, donde estaba alojada su familia. El apartamento había sido alquilado en el resort Mark Warner, para la temporada estival. Según investigación de la policía portuguesa, ésta concluyó en que Madeleine había sido dejada sin supervisión de un adulto mientras se encontraba con sus hermanos gemelos menores, niño y niña, de 2 años de edad, y que podría haber sido secuestrada, aunque luego aceptaron la posibilidad de que en realidad esté muerta, cosa que los padres tratan de no aceptar por ningún motivo."
Link a Wikipedia.
¿El caso Paulette es el remake Televisa de Madeleine McCann?
lunes, abril 05, 2010
La centralidad de las violencias
Rossana Reguillo
En el México de hoy azotado por violencias de diversa índole y calibre, el paisaje sociopolítico no podría ser más desolador y más preocupante; de poco sirve pensar que “hemos tocado fondo” y que por lo tanto en una especie de compensación, más mítica que histórica, a la oscuridad le sigue (siempre) un periodo de luz. El pensamiento mágico delega, pospone, proyecta hacia delante prescindiendo de los “datos”. La “felizología” como filosofía de Estado, se convierte en conjuro repetido para exorcizar la realidad. Y, mientras tanto, los “episodios” en el que cada uno parece ser el “último”, el “definitivo”, el “ahora sí, ya basta”, siguen siendo considerados como “hechos aislados”, contingentes, espontáneos, explicación favorita y recurrente de (casi) todos los políticos y las políticas con independencia de su filiación partidista.
En este panorama, las violencias anudan un complicado tejido social en el que resulta extremadamente difícil “aislar” causas y consecuencias. Un alud de explicaciones, argumentaciones, justificaciones desciende velozmente sobre la atribulada “opinión pública”, que ya no logra distinguir lo duro de lo tupido y viceversa, obstaculizando las posibilidades de una necesaria y pausada reflexión que logre trascender las “causas eficientes” y colocar la mirada crítica en las “causas” o mejor, los procesos históricos que están a la base de muchas de las violencias sincopadas, caóticas, absurdas que configuran las texturas rugosas y malolientes de un cuerpo social enfermo que se niega a entender los síntomas.
Si a los Republicanos en los Estados Unidos, el terrorismo les ha venido como anillo al dedo para acrecentar su poder y justificar sus excesos domésticos y globales, en México el “narco” ha sido un recurso muy útil para mantener el precario equilibrio de una institucionalidad colapsada (por su propia corrupción e ineficacia); cuando el enemigo es ubicuo, todo poderoso (por más que lo sea), se fortalece la posibilidad de culparlo de todo, se trata de un enemigo “útil”. Vivimos los tiempos del “close up” y de las primicias en la barbarie y, abundan los medios de comunicación que nos muestran iterativamente los rostros de hombres que saben (antes que nadie) que van a morir. Enjuician, abundan en calificativos, asignan etiquetas, estereotipos, incendian a la “opinión pública”. Este es el tono principal de la llamada “guerra contra el narco”. El “sospechosismo” que se ha instalado como modo de relación entre los mexicanos y, la sospecha es una hermana del miedo y con frecuencia el miedo deriva en ira. Hay preguntas de fondo que requieren ser respondidas. De manera lenta pero eficaz, en el país de los “tiempos mejores están por venir”, como solía decir Vicente Fox, en el país de las “percepciones equivocadas”, como gusta de afirmar Felipe Calderón, el miedo ha ido expulsando al ciudadano y en esta sustitución de cuerpos, solo queda espacio para la víctima. La víctima es obligada a emprender una cruzada personal contra el monstruo (el vecino sospechoso, el extraño, aquel cuya vida no comprendo o cuyos actos no logro descifrar en tres segundos), el tejido social está deshilvanado, es constatable.
En una sociedad donde la falta de legitimidad y la desconfianza hacia las instituciones es más que un dato de la “encuestocracia” que nos habita, estimular la vigilancia (sobre el igual) y la delación (sobre el que asumo sospechoso), es un peligroso caldo de cultivo para lo que voy a llamar miedos “pre-hobbesianos” (apelando al famoso Leviatán, el Estado moderno de Hobbes) y sus consecuencias terribles. Hobbes advirtió hace mucho tiempo que las violencias que estuvieron a la base de la formación del estado moderno, no estaban fundadas en la diferencia, sino en la igualdad: “el temor que atenaza y conmueve a los seres humanos y que los induce a matarse entre sí, no proviene de las desigualdades y las diferencias; no se trata de guerras de los fuertes contra los débiles; de los valientes contra los cobardes o de los civilizados contra los bárbaros; no es una confrontación que se articule sobre las diferencias; es una guerra desatada por la igualdad, desarrollada por la igualdad y mantenida por ella”. Por ello, considero, que aunque todos debamos actuar ya de manera urgente, es y sigue siendo (hasta aviso en contrario), responsabilidad del Estado (y no del “policía que todos debemos llevar dentro”), restituir el sistema de equilibrios diferenciadores de una democracia moderna.
Si la imagen del poder formal está deteriorada y en creciente desprestigio, es posible suponer, por el conjunto de indicadores a la mano, que para enfrentar la incertidumbre, la vulnerabilidad y el desencanto, la gente está buscando (y encontrando) nuevas fuentes de certidumbre que van de lo mágico-religioso al “armamentismo”, la huida y la respuesta individual. Ciudad Juárez, Durango, Reynosa, son mucho más que casos aislados.
El poder mortal (pero crecientemente simbólico del narco) en la vasta geografía del país, se inscribe en un horizonte de futuros no deseados en los que crece no solamente el número de muertos, sino el número de incrédulos, un ejército de desesperanzados por el difuso malestar del momento: el vaciamiento de la política, de las instituciones. Pero no es la fatalidad, ni el clima expandido de linchamientos varios lo que podrá transformar este paisaje, sino, en todo caso, la posibilidad de asumir que volver inútil la opción por la violencia es una tarea centralmente política.
En el México de hoy azotado por violencias de diversa índole y calibre, el paisaje sociopolítico no podría ser más desolador y más preocupante; de poco sirve pensar que “hemos tocado fondo” y que por lo tanto en una especie de compensación, más mítica que histórica, a la oscuridad le sigue (siempre) un periodo de luz. El pensamiento mágico delega, pospone, proyecta hacia delante prescindiendo de los “datos”. La “felizología” como filosofía de Estado, se convierte en conjuro repetido para exorcizar la realidad. Y, mientras tanto, los “episodios” en el que cada uno parece ser el “último”, el “definitivo”, el “ahora sí, ya basta”, siguen siendo considerados como “hechos aislados”, contingentes, espontáneos, explicación favorita y recurrente de (casi) todos los políticos y las políticas con independencia de su filiación partidista.
En este panorama, las violencias anudan un complicado tejido social en el que resulta extremadamente difícil “aislar” causas y consecuencias. Un alud de explicaciones, argumentaciones, justificaciones desciende velozmente sobre la atribulada “opinión pública”, que ya no logra distinguir lo duro de lo tupido y viceversa, obstaculizando las posibilidades de una necesaria y pausada reflexión que logre trascender las “causas eficientes” y colocar la mirada crítica en las “causas” o mejor, los procesos históricos que están a la base de muchas de las violencias sincopadas, caóticas, absurdas que configuran las texturas rugosas y malolientes de un cuerpo social enfermo que se niega a entender los síntomas.
Si a los Republicanos en los Estados Unidos, el terrorismo les ha venido como anillo al dedo para acrecentar su poder y justificar sus excesos domésticos y globales, en México el “narco” ha sido un recurso muy útil para mantener el precario equilibrio de una institucionalidad colapsada (por su propia corrupción e ineficacia); cuando el enemigo es ubicuo, todo poderoso (por más que lo sea), se fortalece la posibilidad de culparlo de todo, se trata de un enemigo “útil”. Vivimos los tiempos del “close up” y de las primicias en la barbarie y, abundan los medios de comunicación que nos muestran iterativamente los rostros de hombres que saben (antes que nadie) que van a morir. Enjuician, abundan en calificativos, asignan etiquetas, estereotipos, incendian a la “opinión pública”. Este es el tono principal de la llamada “guerra contra el narco”. El “sospechosismo” que se ha instalado como modo de relación entre los mexicanos y, la sospecha es una hermana del miedo y con frecuencia el miedo deriva en ira. Hay preguntas de fondo que requieren ser respondidas. De manera lenta pero eficaz, en el país de los “tiempos mejores están por venir”, como solía decir Vicente Fox, en el país de las “percepciones equivocadas”, como gusta de afirmar Felipe Calderón, el miedo ha ido expulsando al ciudadano y en esta sustitución de cuerpos, solo queda espacio para la víctima. La víctima es obligada a emprender una cruzada personal contra el monstruo (el vecino sospechoso, el extraño, aquel cuya vida no comprendo o cuyos actos no logro descifrar en tres segundos), el tejido social está deshilvanado, es constatable.
En una sociedad donde la falta de legitimidad y la desconfianza hacia las instituciones es más que un dato de la “encuestocracia” que nos habita, estimular la vigilancia (sobre el igual) y la delación (sobre el que asumo sospechoso), es un peligroso caldo de cultivo para lo que voy a llamar miedos “pre-hobbesianos” (apelando al famoso Leviatán, el Estado moderno de Hobbes) y sus consecuencias terribles. Hobbes advirtió hace mucho tiempo que las violencias que estuvieron a la base de la formación del estado moderno, no estaban fundadas en la diferencia, sino en la igualdad: “el temor que atenaza y conmueve a los seres humanos y que los induce a matarse entre sí, no proviene de las desigualdades y las diferencias; no se trata de guerras de los fuertes contra los débiles; de los valientes contra los cobardes o de los civilizados contra los bárbaros; no es una confrontación que se articule sobre las diferencias; es una guerra desatada por la igualdad, desarrollada por la igualdad y mantenida por ella”. Por ello, considero, que aunque todos debamos actuar ya de manera urgente, es y sigue siendo (hasta aviso en contrario), responsabilidad del Estado (y no del “policía que todos debemos llevar dentro”), restituir el sistema de equilibrios diferenciadores de una democracia moderna.
Si la imagen del poder formal está deteriorada y en creciente desprestigio, es posible suponer, por el conjunto de indicadores a la mano, que para enfrentar la incertidumbre, la vulnerabilidad y el desencanto, la gente está buscando (y encontrando) nuevas fuentes de certidumbre que van de lo mágico-religioso al “armamentismo”, la huida y la respuesta individual. Ciudad Juárez, Durango, Reynosa, son mucho más que casos aislados.
El poder mortal (pero crecientemente simbólico del narco) en la vasta geografía del país, se inscribe en un horizonte de futuros no deseados en los que crece no solamente el número de muertos, sino el número de incrédulos, un ejército de desesperanzados por el difuso malestar del momento: el vaciamiento de la política, de las instituciones. Pero no es la fatalidad, ni el clima expandido de linchamientos varios lo que podrá transformar este paisaje, sino, en todo caso, la posibilidad de asumir que volver inútil la opción por la violencia es una tarea centralmente política.
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Contra(comunicado):
Como decía Henry David Thoreau, "No pido inmediatamente que no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor". El orígen de Medios y política fue el fraude electoral del 2006: nació La República de la Televisión y la programa(ción) se volvió dicta(dura): un monopolio opinativo de Tercer Grado. Aquí en 'Medios y política' están las evidencias comunicacionales que sostienen nuestra tésis: Felipe Calderón no ganó las elecciones; la oligarquía lo impuso mediante un fraude para auto(comprarse) lo que queda de México. Y lo repitieron imponiendo a Enrique Peña Nieto en el 2012. Por eso pedimos lo posible: que se restaure La República.
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