¿De quién es el aire?
Porfirio Muñoz Ledo
25 de mayo de 2007
Ahora tratamos de sujetar esos medios a un genuino estado de derecho, en tanto asignatura fundamental de la transición democrática. Para ello es indispensable crear un órgano constitucional autónomo y representativo (el IFE de las comunicaciones) competente para revisar concesiones, supervisar contenidos, promover la pluralidad, estimular la televisión pública, comunitaria e indígena, evaluar los desempeños, proteger a los ciudadanos y ejecutar una política antimonopólica determinada por la ley.
Tres son los pilares concurrentes de esa reforma: el artículo tercero de la Constitución, que establezca la obligación de los medios concesionados de orientar sus emisiones conforme a los valores y principios de la nación ahí definidos; el artículo sexto ampliado y tal vez trasladado al séptimo, que explicite los términos del derecho a la información; y el otorgamiento de las facultades correspondientes al Congreso en el artículo 73 de la Carta.
Es claro que las reformas constitucionales en este campo le devolverían al Estado la capacidad de revisar en su integridad las concesiones, como si fuera el primer día de la creación. Ese es el temor de los beneficiarios, que se parapetan tras el argumento de los derechos adquiridos. Un día no lejano, en debate con representantes de las empresas, su mejor abogado me espetó: "¡Jamás nos quitarán las concesiones!", a lo que respondí: "Son ustedes latifundistas con lema zapatista: el aire es de quien lo trabaja". Sólo habrá reforma del Estado y restauración de la República si encaramos esta afrenta con toda determinación.