sábado, marzo 22, 2008

Zizek

"Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido y más generoso, ¿en qué queda la ética?"
El país. Entrevista.

P. ¿Hay dignidad en la guerra de Irak?

R. He escrito sobre ello en La tetera prestada

[que Losada publicará en España en julio], utilizando un viejo adagio iraquí: un tipo se queja ante otro de que le ha devuelto rota la tetera que le prestó. El otro responde que nunca tomó prestada una tetera. Luego puntualiza que la devolvió intacta. Y añade que, en cualquier caso, la tetera ya estaba rota cuanto la tomó prestada. Las justificaciones de Washington para la guerra de Irak son igualmente incongruentes. George Bush afirmó que Irak disponía de armas de destrucción masiva. Más tarde, que aunque no tuviera esas armas cooperaba con Al Qaeda y constituía una amenaza para el mundo. Al final argumentó que Sadam Husein era un dictador terrible y que eso era razón suficiente para derrocarle. En realidad, las razones eran la extensión de la democracia, la demostración de la hegemonía mundial de Estados Unidos y el control del petróleo, argumentos incongruentes entre sí que condenaban al fracaso la invasión.

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[...]Tenemos que reinventar la ética. Hoy es posible implantar un chip en un ratón y teledirigirlo. ¿Se da cuenta? Obviamente, será posible hacer lo mismo con un ser humano.

P. Eso es crear un Golem.

R. Se plantea una cuestión filosófica: ¿cómo experimentará ese ser humano el control remoto? ¿Tendrá consciencia de que le controla una fuerza exterior? ¿Creerá ser él mismo el emisor de las órdenes? Me inclino por la segunda hipótesis: el ser humano teledirigido no se dará cuenta de nada, se sentirá libre.


Zizek

"Mi lema es: ninguna libertad para los enemigos de la libertad."
Zizek

Jorge Luis Borges

La Escritura del Dios.

La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto, y un carcelero que ha ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.
He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo.
La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero éste no me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal.
Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui revelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla.
Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.
Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.
Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.
No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel testo. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.
Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárdel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: "No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente."
Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: "Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños." Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros.
Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansablee laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.
Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escriturad del tigre.
Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.
Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

Por respeto al público, este post contiene RISAS GRABADAS

"Quien ignora la ley y las instituciones de la República, ofende la memoria de Benito Juárez."
Felipe Calderón Hinojosa.

Ilya Prigogine. Espacio/Tiempo

Robo en argentina, petróleo y privatizaciones



Online Videos by Veoh.com

Aquí la historia de las privatizaciones en la Argentina menemista. Entregaron minas, telecomunicaciones, aerolíneas, carreteras y ferrocarrlies. Disecaron a los sindicatos y detonaron el desempleo. Hirieron de muerte a las "economías locales" y se endeudaron hasta la asfixia, para, finalmente, (con el país en ruinas), entregar el petróleo. Menem y su grupo fueron lo que en México Carlos Salinas de Gortari, y ahora, "el español" Mouriño. Todos, traidores a su patria y a su "matria".

viernes, marzo 21, 2008

Luis Javier Garrido

El tesoro

"La torpe reacción de Mouriño y Calderón, que en evidente colusión con el equipo de Ortega, han lanzado una grosera campaña mediática para calificar como fraudulentas las elecciones perredistas y descalificar la victoria de Encinas, pretendiendo además con golpes fraudulentos de mano revertir los resultados para poder anularlos con la intervención del tribunal electoral, no revela más que la desesperación de estos pillos que se adueñaron del poder por un fraude, y que al fracasar este otro fraude que instrumentaron para el domingo 16 en alianza con el equipo orteguista insisten con todo el peso del Estado en imponerle una dirección al PRD con el fin de paraestatalizarlo, marginar a López Obrador y facilitar la privatización."

jueves, marzo 20, 2008

18 de marzo de 2008

"Hay hombres que resumen en sí, el decoro de muchos hombres"
Jose Martí.


Somos decenas de miles, somos "un cuerpo público" que articula el reclamo de millones: la patria no se vende, la patria se defiende. La cita fue a las cinco de la tarde en el zócalo, el "centro" del reclamo popular contra la privatización de PEMEX. Un día como hoy hace setenta años el general Lázaro Cárdenas del Río nacionalizó el petróleo para que México fuera soberano, libre y (por un tiempo), "alegre". Dicen que la historia se repite, y hoy podemos certificarlo: los monárquicos trasnacionales quieren el petróleo y "lo quieren ahora"; nosotros, no queremos ser Colonia, y lo queremos dejar claro ahora: el petróleo es la única palanca de desarrollo que nos ha dejado el neoliberalismo. No podemos darnos el lujo de perderlo, de rendirnos, de renunciar; ésta vez, no seremos "los vencidos". El mayor genocidio de la historia se desarrolló en este mismo escenario. La conquista fue fusión, hierro caliente, saqueo y genocidio; y nadie ha pedido perdón por los millones de muertos que (para nuestra confianza) nos acompañan en ésta "otra" disputa histórica.

En el templete, una voz chillona pide "respeto" por el coordinador de los diputados perredistas, Javier González Garza, y de inmediato, "en mi película interna", visualizo la secuencia donde el "Guero" sonriente, votó a favor de la Reforma Judicial. Cambio de escena. Ahora lo veo abriéndole paso al pelele para que tomara protesta en San Lázaro aquel triste diciembre de 2006. Ahora, lo "veo" en una mesa monárquica negociándo nuestro futuro, negociándose a él mismo frente al espejo de su dignidad. Una mexicana escribió en una cartulina: "con este fraude electoral, la patria quedó herida de muerte y los diputados y senadores del PRD, decidieron cobrar sus sueldos en vez de seguir a AMLO".

Hombres, mujeres y niños de todas las escalas sociales, de todos los Estados de la República, radiaban un sentimiento: la patria no se vende, se defiende. Unos entregaban discos, otros saludos, DVDs, volantes, sonrisas, libros, periódicos, ideas, pancartas y consignas: "Calderón y Mouriño, delincuentes mafiosos", "que muera el pelele", "ya no más robo, saqueo, despojo, fraudes y mentiras". Una "caricatura" dibuja el motivo por el que "estamos aquí": el tío sam, vestido con su característico traje a rayas, azul, blanco y rojo, lleva un control remoto entre sus manos, maneja un "robot" explotador de las aguas profundas: Felipe Calderón Hinojosa.

En el centro de la plaza, se eleva una serpiente de tela amarilla que lleva bordada la oración: la patria no se vende, se defiende. Un hombre cano con un periódico Militante en mano, habla rápido y entonado: derroquemos a Calderón-por una huelga general para defender el petróleo-derroquemos al espurio-derroquemos al espurio. Hombres y mujeres de la tercera edad, niñas y niños, jóvenes y adultos somos El Gobierno Legítimo de México, el tiempo "del nosotros". En el templete, Jesusa Rodriguez lo corea, y nosotros, festivos y enérgicos, lo repetimos: !Pre-si-dente! !Pre-si-dente! En la pantalla se ve a AMLO entrando a la plaza sonriendo, apretando manos, escuchando vivas, contento de estar aquí con todos nosotros. No estamos solos.


-Espurio, entiende, el pueblo no te quiere- dice una manta que tiene dibujado al madrileño Juan Camilo Mouriño agarrado de la mano de su "pareja presidencial". Unos metros adelante, un "mono" vestido con uniforme militar y un parche de pirata en el ojo, lleva la bandera de Estados Unidos y de España en sus hombros y un mensaje en el pecho: "El miniterrorista Calderón, general de cinco estrellas, jefe del cuartel neoliberal".

Paréntesis: los políticos del templete, con sus cuerpos piden que la gente los vea. No escuchan lo que sus compañeros dicen, o leen al micrófono. No aceptan el papel secundario. Saludan, voltean, rugen. Quieren salir en la foto, quieren hacerse "notar" en lugar de "escuchar".


Claudia Sheimbaum, lo anuncia y todos la apoyamos: "los cercos ciudadanos serán encabezados por mujeres". El primer jaque del día al ajedrez monárquico: ¿se atreverán a golpear a las mujeres? La misma Claudia lo aclara: "pero las mujeres no iremos solas, tendremos detrás a todos los hombres". De nuevo suena en mi memoria la voz: "somos la muchedumbre". Somos la Resistencia. El climax de la tarde es el mensaje del Presidente Legitimo de México, Andrés Manuel López Obrador: "Estamos enfrentando el más grande de los desafíos que nos haya tocado vivir". Más que los videoescándalos. Más que el desafuero. Más que la elección presidencial. Más que el fraude electoral. Más que la batalla postelectoral. Más que el cerco informativo. Más que el colaboracionismo de los Chuchos. Más que la furia de los empresarios. Más que todo eso junto y amontonado: vender el petróleo es vender el futuro y renunciar a la libertad.

"Como paradoja de la historia, en el setenta aniversario de la expropiación petrolera, hoy llamamos a defender esta gran conquista del pueblo de México". Bien lo dice Andrés Manuel, el embate privatizador de La República de la Televisión es una desastrosa "felonía". El cuento del tesorito en las aguas profundas es un agravio a la inteligencia de los mexicanos. Una provocación. Un atentado.


El discurso de López Obrador fue una clase de historia (si lo leyó Juan Camilo Mouriño, seguro no lo entendió). De la revolución, al porfirismo, de la "constitución" a los gobiernos extranjeros expansionistas, de la "otra" Suprema Corte a Carranza, Obregón y Calles, del único Cárdenas que vale la pena recordar, al otro "Reyes Heroles" que vale la pena recordar. Escuchamos un libro bien narrado que nos dijo que, hace muchos años, fue tanta la soberbia de las compañias petroleras que, alzados, alentaron un proyecto para dividir a México y constituir la República del Golfo de México:

"Si perdemos la soberanía, será más dificil, por razones geopolíticas recuperar el dominio de la nación sobre nuestros recursos energéticos." Con la flora y la fauna de Los Pinos, es un hecho: privatización, es corrupción. ¿O se abstendrá Mouriño y los hermanoz Zavala de hacer negocios a granel con los contratos riesgo? No lo creo. Y Felipe Calderón es un ladrón al cuadrado: se robó la presidencia, y ahora pretende robarse el petróleo, asignarse contratos, enriquecerse para envilecer y cumplir los deseos profundos de combatir su pequeñez.

La mediatizacion de la disputa energética es la mayor prueba de que el gobierno está perdiendo la partida en la opinión pública. Sus cartas fuertes para llevar a cabo el atraco son Pepillo Origel, Paty Chapoy, López Dóriga, Carlos Marín, "La tesorito", y la vacilada de las aguas profundas y "el efecto popote".

"Nos oponemos a la privatización, porque queremos vivir en paz, y sabemos que la paz, es fruto de la justicia." Y por eso, estamos aquí: -Seria gravísimo permitir la privatización de petroleo, dejaríamos de ser un país libre y soberano, se rompería el orden constitucional, y se elevaría a rango supremo, la corrupcion[...] el despojo del petróleo sería una fuente constante de fricciones, desacuerdos y conflicto...-. Y más. Los neo-conquistadores no tienen llenadera. No tienen memoria histórica, no tienen ética. Quieren oro, oro oro, como los monárquicos de ayer y hoy. La rapacidad los caracteriza.


-Todos, debemos evitar la provocación y la violencia, lo que vamos a hacer, pacíficamente, es noble, responsable y eficaz, caer en la trampa de la violencia sería ayudar a nuestros adversarios, cuidado con los provocadores infiltrados del gobierno usurpador, ellos van a buscar pretextos para el uso de la fuerza y para su campaña de desprestigio en los medios de comunicación-

Y efectivamente, ahí estaban, entre nosotros "los provocadores", como lo demuestra este video que publicó el canal del senderodelpeje:


Las palabras de Andrés Manuel son de todos, un coro de millares que no está dispuesto a detenerse, que no está dispuesto a empeñar el tiempo y a rematar nuestro espacio: "No podemos permitir ser esclavos en nuestra propia tierra. No importa que al final, nos desgastemos políticamente, lo que importa es mantener bajo nuestro dominio, los recursos naturales de la nación."


Sube la temperatura del 18 de marzo, y cierra el Presidente Legítimo de México: -Viva la expropiación petrolera. Viva el general Lázaro Cárdenas del Rio ¡Viva México!, ¡Viva Mexico!- Y al final, todos tronamos: -uuuu uuun soldado en cada hijo te dio-. Aquí estamos, retumbando en nuestro "centro la tierra". Listos para irnos y no irnos. Aquí se quedan nuestros muertos esperando la primavera, somos todos juntos, vivos y muertos, los guerreros de la flor y el canto. Somos todos.

Viva México.
Los depredadores del mundo, cuando ya
lo han devastado todo y les falta tierra, miran al mar: si
el enemigo es rico, son mezquinos, y si es pobre, ambiciosos,
y ni Oriente ni Occidente bastarán para saciarlos:
desean para sí toda la riqueza y la miseria
para los otros. A saquear, matar y expoliar
le dan el mal nombre de imperio,
y allá donde crean un desierto, dicen que
hay paz.

Tácito.

Los infiltrados

Sobre las elecciones para presidente nacional del PRD, Los Voceros Republicanos repiten las líneas sordas: urnas robadas, urnas embarazadas, un "cochinero", violencia, crisis, crisis, Bejarano, crisis, Padierna, La Padierna, peligro, Noroña, peligro, virus, miedo, histeria, éxtasis, miedo. Intentan instalar la percepción del cochinero electoral en la elección interna para desacreditar a La Resistencia, a la Convención Nacional Democrática y al movimiento en defensa del petróleo.

Sólo que las huellas digitales del lodazal chuchista muestran que fueron varias las manos sucias involucradas en el crucigrama electoral perredista. Hoy La Jornada lo deja claro: existen más de 100,000 votos fraudulentos en favor de Jesús Ortega, y son Los Chuchos quienes se niegan al recuento voto por voto en las urnas embarazadas (rellenaron con 2,000 votos donde cabían 1,000 boletas). ¿Casualmente? en los estados donde se cometieron las suciedades chuchistas -Puebla, Chiapas, Tamaulipas, Oaxaca, Estado de México, Tabasco y Veracruz- hubo fraude en las elecciones del 2006.

Es la gris historia de Los infiltrados.

lunes, marzo 17, 2008

Los fantasmas de color gris obscuro

El PRD, La Resistencia, la CND, Andrés Manuel López Obrador y la izquierda mexicana estuvieron comiendo, y retratándose con el enemigo, hasta que un domingo 16 de marzo del 2008 se terminó el sueño. Un puñado de hombres vestidos de incongruencia, terminó aliado a la República de la Televisión. Quisieron ser los Diego Fernández de Ceballos del 88, y terminaron siendo una mezcla entre Pancho Cachondo, el Niño verde y la Chupitos.

Ahora, a quemar copal, y a darle la vuelta a la página del colaboracionismo. No hay tiempo que perder.

Contra(comunicado):

Como decía Henry David Thoreau, "No pido inmediatamente que no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor". El orígen de Medios y política fue el fraude electoral del 2006: nació La República de la Televisión y la programa(ción) se volvió dicta(dura): un monopolio opinativo de Tercer Grado. Aquí en 'Medios y política' están las evidencias comunicacionales que sostienen nuestra tésis: Felipe Calderón no ganó las elecciones; la oligarquía lo impuso mediante un fraude para auto(comprarse) lo que queda de México. Y lo repitieron imponiendo a Enrique Peña Nieto en el 2012. Por eso pedimos lo posible: que se restaure La República.

Vistas a la página totales

Huracán: La política secreta neoliberal

Huracán: "Ayotzinapa. El motivo"

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