lunes, abril 11, 2016
Zapatistas a Zapata: 97 aniversario luctuoso
01
Un día como hoy, hace 97 años se interrumpió la vida de Emiliano Zapata y de la Revolución Mexicana.
03
La noticia de la muerte de Zapata que enunció el general Gildardo Magaña a los zapatistas, es proclama perfecta y actual para ese linaje oscuro que sigue castigando, robando y traicionando al pueblo: "“Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer, gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las maldiciones de todos los buenos mexicanos, de los que hayan sabido comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos de los cobardes asesinos”.
04
Dicen que no murió porque el viento es su espíritu y cabalga. Dijeron su cuerpo muerto no era su cuerpo muerto, no por soslayar el horror de ver frío al héroe popular; fue estrategia mágica para mantenerlo vivo en el mito y la ficción. Dicen los viejos más viejos que algún día se abrirá la tierra y de su centro, rompiendo rocas vendrá Zapata con naves y ejércitos de liberación.
Un día como hoy, hace 97 años se interrumpió la vida de Emiliano Zapata y de la Revolución Mexicana.
02
¿Y cómo asesinaron al gran jefe revolucionario Emiliano Zapata? Guajardo, con aval de Venustiano Carranza, fusiló-sacrificó a cincuenta soldados para hacerle creer al 'Atila del Sur' se uniría a su causa sumando hombres, municiones y armas. ¿Qué ganó el traidor, aparte de la máxima infamia? Un ascenso a General de división y cincuenta mil pesos en monedas de plata.
03
La noticia de la muerte de Zapata que enunció el general Gildardo Magaña a los zapatistas, es proclama perfecta y actual para ese linaje oscuro que sigue castigando, robando y traicionando al pueblo: "“Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer, gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las maldiciones de todos los buenos mexicanos, de los que hayan sabido comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos de los cobardes asesinos”.
04
Dicen que no murió porque el viento es su espíritu y cabalga. Dijeron su cuerpo muerto no era su cuerpo muerto, no por soslayar el horror de ver frío al héroe popular; fue estrategia mágica para mantenerlo vivo en el mito y la ficción. Dicen los viejos más viejos que algún día se abrirá la tierra y de su centro, rompiendo rocas vendrá Zapata con naves y ejércitos de liberación.
sábado, abril 09, 2016
martes, abril 05, 2016
lunes, abril 04, 2016
La (r)evolución y el periodismo
Sergio Humberto Brown Figueredo
Existe una básica relación y diferencia entre la opinión publicada en los medios masivos y lo que sucede con ella, la opinión pública. En el lenguaje se dan los cruces que construyen y reconstruyen juicios y réplicas sobre el aconteSER público y privado. Esos intercambios dependen de la cantidad y calidad de la información. Por eso la oligarquía en México para sostenerse en el poder capturó los medios tradicionales, periódicos, radio, televisión y también tienen presencia dominante en internet. Por eso los que ostentan el trono se oponen silenciosamente a expandir por el país la red de redes.
Para seguir con la silla presidencial secuestrada y no ser tan obvios en el control mediático, el neoliberalismo expandió la cantidad y redujo la calidad de información. Aumentaron las ofertas mediáticas pero todos repiten lo mismo en voz o letras de títeres en turno, López Dóriga por mencionar un nombre, no habla exclusivamente por él, habla por el grupo en el poder, sus publicaciones establecen líneas de opinión para combatir información contraria a los intereses hegemónicos o encabezar ofensivas políticas contra sus adversarios. Los medios tradicionales y sus empleados responden a los intereses del capital que los contrata.
De ahí lo atípico del caso Carmen Aristegui que en MVS mantuvo su independencia gracias a cláusulas de libertad editorial en su contrato, al fin, dinamitadas por publicar en su portal la existencia de La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto. El periodismo de investigación es poco practicado en México porque en el fondo del abismo se encuentran los cadáveres de la corrupción política y casi nadie quiere sacar a pasear muertitos ajenos, porque como se ha reiterado, se corre peligro de ser perseguidos, despedidos o en casos extremos, golpeados o asesinados. El clima de violencia generalizada afectó al periodismo que expone los andares en el fango de administradores públicos, sus excesos y despilfarros; no puede venir esa violencia de otro lado que no sea el Estado neoliberal capitalista.
A la fecha en México son pocas las repercusiones "reales" de las excelentes historias que el periodismo de investigación ha expuesto. Gracias a valiosos esfuerzos de medios libres y periodistas críticos, millones de ciudadanos saben hoy más del acontecer público que en la era informática pasada. La inmediatez de las redes sociales detona críticas puntuales a los gobiernos en turno, municipales, estatales y federales, pero algo no termina de cuajar entre la movilización social y los contenidos de las investigaciones periodísticas. En un escenario de colapso del sistema de partidos, en nuestro país la oposición le hace menos daño al gobierno que los medios libres, de ahí que podamos depositar la esperanza de un cambio socio-político en la (r)evolución periodística.
Si algún día renuncia un funcionario de primer nivel por la presión de información expuesta en medios contra-hegemónicos, abriría la puerta a que esa exigencia se extendiera en todo el país, por eso no sucederá pronto. Por más podrido que esté, el poder extralimitado del capital y la oligarquía son lo suficiente inteligentes para seguir comandando el barco de la república saqueada. La información que circula en redes o libros, que ya detona rayos contra el sistema, no ha provocado la chispa que incendie un movimiento de resistencia que pudiera juzgar, más allá de la opinión y las plazas públicas a los funcionarios corruptos que abundan y se extienden por la geografía nacional. En momentos de poca claridad dentro de las formas políticas tradicionales, el periodismo puede ser la (r)evolución que necesita nuestro país, todavía llamado México.
Existe una básica relación y diferencia entre la opinión publicada en los medios masivos y lo que sucede con ella, la opinión pública. En el lenguaje se dan los cruces que construyen y reconstruyen juicios y réplicas sobre el aconteSER público y privado. Esos intercambios dependen de la cantidad y calidad de la información. Por eso la oligarquía en México para sostenerse en el poder capturó los medios tradicionales, periódicos, radio, televisión y también tienen presencia dominante en internet. Por eso los que ostentan el trono se oponen silenciosamente a expandir por el país la red de redes.
Para seguir con la silla presidencial secuestrada y no ser tan obvios en el control mediático, el neoliberalismo expandió la cantidad y redujo la calidad de información. Aumentaron las ofertas mediáticas pero todos repiten lo mismo en voz o letras de títeres en turno, López Dóriga por mencionar un nombre, no habla exclusivamente por él, habla por el grupo en el poder, sus publicaciones establecen líneas de opinión para combatir información contraria a los intereses hegemónicos o encabezar ofensivas políticas contra sus adversarios. Los medios tradicionales y sus empleados responden a los intereses del capital que los contrata.
De ahí lo atípico del caso Carmen Aristegui que en MVS mantuvo su independencia gracias a cláusulas de libertad editorial en su contrato, al fin, dinamitadas por publicar en su portal la existencia de La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto. El periodismo de investigación es poco practicado en México porque en el fondo del abismo se encuentran los cadáveres de la corrupción política y casi nadie quiere sacar a pasear muertitos ajenos, porque como se ha reiterado, se corre peligro de ser perseguidos, despedidos o en casos extremos, golpeados o asesinados. El clima de violencia generalizada afectó al periodismo que expone los andares en el fango de administradores públicos, sus excesos y despilfarros; no puede venir esa violencia de otro lado que no sea el Estado neoliberal capitalista.
A la fecha en México son pocas las repercusiones "reales" de las excelentes historias que el periodismo de investigación ha expuesto. Gracias a valiosos esfuerzos de medios libres y periodistas críticos, millones de ciudadanos saben hoy más del acontecer público que en la era informática pasada. La inmediatez de las redes sociales detona críticas puntuales a los gobiernos en turno, municipales, estatales y federales, pero algo no termina de cuajar entre la movilización social y los contenidos de las investigaciones periodísticas. En un escenario de colapso del sistema de partidos, en nuestro país la oposición le hace menos daño al gobierno que los medios libres, de ahí que podamos depositar la esperanza de un cambio socio-político en la (r)evolución periodística.
Si algún día renuncia un funcionario de primer nivel por la presión de información expuesta en medios contra-hegemónicos, abriría la puerta a que esa exigencia se extendiera en todo el país, por eso no sucederá pronto. Por más podrido que esté, el poder extralimitado del capital y la oligarquía son lo suficiente inteligentes para seguir comandando el barco de la república saqueada. La información que circula en redes o libros, que ya detona rayos contra el sistema, no ha provocado la chispa que incendie un movimiento de resistencia que pudiera juzgar, más allá de la opinión y las plazas públicas a los funcionarios corruptos que abundan y se extienden por la geografía nacional. En momentos de poca claridad dentro de las formas políticas tradicionales, el periodismo puede ser la (r)evolución que necesita nuestro país, todavía llamado México.
viernes, abril 01, 2016
miércoles, marzo 30, 2016
Aprueban dictamen que suspenderá garantías individuales en México
"Cualquier derecho o garantía individual que sea un obstáculo para la intervención del gobierno federal en conflictos sociales será anulado tras la aprobación del dictamen de la Ley Reglamentaria del Artículo 29 de la Constitución, durante el primer día de sesiones de la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados.
Los diputados justificaron la aprobación argumentando que es preferible la intervención presidencial para suspender las garantías individuales en “casos de invasión” o “perturbaciones de la paz pública”.
Sin embargo, dicha ley no especifica en qué momento se considera una “perturbación”, por lo que el presidente tendrá la total facultad de decidir cuándo hay “riesgo a la paz pública”.
El dictamen define que se puede ejercer un ‘‘sacrificio temporal de derechos’’ ante cualquier incidente en el país, presentadas como graves afectaciones a la paz o la estabilidad interna del propio Estado. El Ejecutivo incluso puede permitir que tropas extranjeras se instalen el país, sólo por ser de su consentimiento."
En Desinformémonos.
Centro PRODH: Tlatlaya, la impunidad debe terminar
"El 2 de julio de 2015 el Centro Prodh solicitó a la PGR, en ejercicio de su coadyuvancia, que se desahogaran diversas pruebas para investigar la Orden General de Operaciones que instruyó a la unidad castrense involucrada en los hechos “abatir delincuentes en horas de la oscuridad”; entre estas pruebas, se solicitó que los mandos militares a cargo de emitir y supervisar dicha orden fueran citados a declarar a fin de deslindar responsabilidades por cadena de mando. Tras nueve meses, la PGR no ha citado a ningún mando militar, eludiendo así sus deberes y negando un ejercicio elemental de rendición de cuentas."
martes, marzo 29, 2016
Los gringos y la Marina Armada ¿de México?
"La Agencia de Inteligencia (DIA, por sus siglas en inglés) del Pentágono tiene dos oficinas en México; una en la embajada de Estados Unidos y otra en la Oficina Bilateral de Inteligencia, localizada a unos 300 metros de la sede diplomática.
De estas oficinas sale la información de inteligencia más sensible sobre el combate a los carteles del narcotráfico, y que se comparte directamente con los enlaces de la Semar.
El agente federal que reveló estos datos y que pidió el total anonimato asegura que los marinos mexicanos que son de la absoluta confianza de las agencias de inteligencia de su país son básicamente elementos entrenados en Estados Unidos.
“Fueron sometidos a un minucioso escrutinio y se han especializado en técnicas y tácticas militares de grupos de elite. Son quienes están el frente del combate al narcotráfico en México, por su efectividad”, resalta el agente de los Estados Unidos.
La DEA, ICE, CIA, FBI y hasta la DIA cumplen con el protocolo de la relación bilateral en el combate al narcotráfico. Intercambian información de inteligencia con el CISEN, la Policía Federal y el Ejército, pero reservan lo más importante para la Semar."
J. JESÚS ESQUIVEL, "Los aliados del Pentágono en Washington", en Proceso.
De estas oficinas sale la información de inteligencia más sensible sobre el combate a los carteles del narcotráfico, y que se comparte directamente con los enlaces de la Semar.
El agente federal que reveló estos datos y que pidió el total anonimato asegura que los marinos mexicanos que son de la absoluta confianza de las agencias de inteligencia de su país son básicamente elementos entrenados en Estados Unidos.
“Fueron sometidos a un minucioso escrutinio y se han especializado en técnicas y tácticas militares de grupos de elite. Son quienes están el frente del combate al narcotráfico en México, por su efectividad”, resalta el agente de los Estados Unidos.
La DEA, ICE, CIA, FBI y hasta la DIA cumplen con el protocolo de la relación bilateral en el combate al narcotráfico. Intercambian información de inteligencia con el CISEN, la Policía Federal y el Ejército, pero reservan lo más importante para la Semar."
J. JESÚS ESQUIVEL, "Los aliados del Pentágono en Washington", en Proceso.
lunes, marzo 28, 2016
La última garra antes de que nos coma el imperio
Sergio Humberto Brown Figueredo
A contrapelo de nuestra historia moderna y más antigua, a nueve años de guerra del neoliberalismo contra el pueblo no brotó resistencia armada a la peor masacre en nuestro país desde la época de la Revolución que inició un 20 de Noviembre de 1910 Francisco I. Madero. De aquel acontecimiento que destruyó temporalmente el poder de la oligarquía porfirista a la guerra que le declaró Felipe Calderón "al narco" y su continuidad en el sexenio de Enrique Peña Nieto, no se había derramado tanta sangre y muerte sobre el suelo mexicano. Y en la opinión pública los neoliberales ganaron la batalla: es poca la población que se opone al fin de la guerra, muchísimos engañados con el "palo y la zanahoria" del combate a los criminales ignorando el humeante esquema aplicado de problema-solución-problema. La propaganda y la censura lograron ocultar los vínculos entre los grupos oligárquicos que patrocinaron los fraudes electorales de 2006 y 2012, la violencia de Estado mediante su hijo bastardo, el paramilitarismo, las corporaciones de seguridad transnacionales y la intervención abierta y "legal" de dos gobiernos extranjeros en nuestro suelo, Colombia y Los Estados Unidos.
Y no me refiero a ningún secreto, está expuesta la información necesaria para entenderlo. De entrada, la llamada Iniciativa Mérida proporcionó recursos millonarios para el combate al narcotráfico y el crímen organizado, después, lo que reveló Wikileaks en La Jornada, la injerencia del Embajador estadounidense Carlos Pascual y los cónsules en las políticas de seguridad, luego, las operaciones oficiales de tráfico de armas llamadas "Rápido y Furioso" y "Receptor abierto", aunado a lo irregular de utilizar al Ejército y La Marina para retenizar el libre tránsito y combatir en las calles, armados, la inseguridad, sumado a la continuidad del neoliberalismo, prácticamente podemos decir que tenemos nueve años invadidos sin ocupación, y ¿que no haya brincado nadie? ¿Ningún guerrero águila/jaguar por ahí perdido? ¿Ni un grupito de cabrones que haya intentado asaltar un cuartel para dar un golpe ideológico contra la dictadura? Nuestra sangre y resistencias que por ella fluyen lo indica, eso no es posible en un pueblo como el nuestro. Al menos no desde la dialéctica, y mucho menos dentro de la noción de tiempo cíclico, contraria a la linealidad moderna.
Me rehúso a creer que una tierrra de guerreros está desierta ahora de ellos, cualquier mexicano con formación militar, oficial, popular o de liberación, no podría resistir entregar su vida por defender la patria del saqueo, de la explotación de su pueblo y la invasión silenciosa de su territorio. No. No. Y no. Pienso desde lo mítico en Huitzilopochtli, en lo histórico prehispánico en Cuauhtémoc, en la Colonia, en las revueltas indígenas que de manera cíclica resistieron, sin éxito, el yugo español, pienso en Hidalgo, en Morelos, en el Juárez guerrillero, en Zapata, en Villa, y en el giro post-revolución institucionalizada en Rubén Jaramillo, en Lucio Cabañas, en la generación marxista del 68, en las Fuerzas de Liberación Nacional, en los vestigios que la represión dejó de los jóvenes armados en los años setenta, en el Partido de los Pobres y después en el Ejército Popular Revolucionario. Pienso en el espíritu de miles de guerreros que dieron su vida en batallas antiguas y modernas por defender de otros invasores el suelo que ahora se supone es nuestro, los que le heredaron el color rojo a nuestra bandera. A la memoria de ellos hablo y me rehúso a creer que dentro del colonizado Ejército Mexicano no haya brotado un grupo de valientes que dijera ya basta a la entrega de nuestra patria y subvirtieran el poder vertical de las órdenes contrarias al bienestar del pueblo.
Hubo resistencia a los nazis en París, hubo fuerzas de contención al imperialismo francés en Argelia, hubo en la guerra civil española internacionalistas luchando con sus hermanos ideológicos, hubo latinoamericanos exponiendo su vida en combates contra-imperiales en África y Asia, y en la peor tragedia del último siglo mexicano, los más de ciento cincuenta mil mexicanos muertos por violencia lo constatan, con estudiantes desaparecidos sin explicación, con matanzas selectivas, con operaciones de falsa bandera para mantener asustada a la gente, con los recursos de la nación en remate abierto, ¿y no brincó nadie a decirles alto, no más? No puedo creerlo. No. No. No. Hasta en términos de probabilidad y estadística me parece imposible. Que el Estado al servicio del poder global y sus corporaciones de seguridad estén aplicando un régimen semi-totalitario, de opresión, de fuerza bruta a los mexicanos y no se haya replicado un discurso de liberación o de independencia en nueve años de guerra, no puedo aceptarlo, y la negación puede ser sinónimo de ceguera, de locura o una proyección de la historia dentro de la Historia.
Pensando en las réplicas actuales de aquellas súplicas que hacían los sacerdotes mexicas a los dioses para no ser abandonados ante la ofensiva militar de los conquistadores, me vuelvo a preguntar: ¿Cómo los dioses de la guerra pudieron olvidar a un pueblo tan castigado por el imperio dejándolo sin legítima defensa? Pero si sostengo que ese silencio, ese vacío no puede ser explicado, ¿qué está pasando? No lo sé. Pero en la fantasía puedo inventar motivos para entender esa aparente orfandad. Porque en las batallas de las últimas décadas contra las dictaduras latinoamericanas, los genocidios fueron terribles cuando se libraron guerras abiertas o tradicionales por la liberación. Los generales extranjeros no sienten lazos con el pueblo, y lo primero que hacen ante un brote insurgente es masacrar civiles para inundar de miedo el escenario y restarle apoyo a lo (r)evoluciónario. Si esos grupos armados aprendieron las dolorosas lecciones del siglo XX, ante una invasión, la única respuesta patriótica es no poner en riesgo al pueblo, no exponerlo a más violencia que la aplicada de manera encubierta y descubierta por el mismo gobierno. Es decir, una guerra secreta a largo plazo, antes que la desaparición súbita de nuestras fuerzas guerreras, es lo que fantaseo sobre lo que vive México, y si es errada o errorista mi interpretación, pues entonces quizá nos merecemos sucumbir finalmente ante las garras y el pico del imperio.
A contrapelo de nuestra historia moderna y más antigua, a nueve años de guerra del neoliberalismo contra el pueblo no brotó resistencia armada a la peor masacre en nuestro país desde la época de la Revolución que inició un 20 de Noviembre de 1910 Francisco I. Madero. De aquel acontecimiento que destruyó temporalmente el poder de la oligarquía porfirista a la guerra que le declaró Felipe Calderón "al narco" y su continuidad en el sexenio de Enrique Peña Nieto, no se había derramado tanta sangre y muerte sobre el suelo mexicano. Y en la opinión pública los neoliberales ganaron la batalla: es poca la población que se opone al fin de la guerra, muchísimos engañados con el "palo y la zanahoria" del combate a los criminales ignorando el humeante esquema aplicado de problema-solución-problema. La propaganda y la censura lograron ocultar los vínculos entre los grupos oligárquicos que patrocinaron los fraudes electorales de 2006 y 2012, la violencia de Estado mediante su hijo bastardo, el paramilitarismo, las corporaciones de seguridad transnacionales y la intervención abierta y "legal" de dos gobiernos extranjeros en nuestro suelo, Colombia y Los Estados Unidos.
Y no me refiero a ningún secreto, está expuesta la información necesaria para entenderlo. De entrada, la llamada Iniciativa Mérida proporcionó recursos millonarios para el combate al narcotráfico y el crímen organizado, después, lo que reveló Wikileaks en La Jornada, la injerencia del Embajador estadounidense Carlos Pascual y los cónsules en las políticas de seguridad, luego, las operaciones oficiales de tráfico de armas llamadas "Rápido y Furioso" y "Receptor abierto", aunado a lo irregular de utilizar al Ejército y La Marina para retenizar el libre tránsito y combatir en las calles, armados, la inseguridad, sumado a la continuidad del neoliberalismo, prácticamente podemos decir que tenemos nueve años invadidos sin ocupación, y ¿que no haya brincado nadie? ¿Ningún guerrero águila/jaguar por ahí perdido? ¿Ni un grupito de cabrones que haya intentado asaltar un cuartel para dar un golpe ideológico contra la dictadura? Nuestra sangre y resistencias que por ella fluyen lo indica, eso no es posible en un pueblo como el nuestro. Al menos no desde la dialéctica, y mucho menos dentro de la noción de tiempo cíclico, contraria a la linealidad moderna.
Me rehúso a creer que una tierrra de guerreros está desierta ahora de ellos, cualquier mexicano con formación militar, oficial, popular o de liberación, no podría resistir entregar su vida por defender la patria del saqueo, de la explotación de su pueblo y la invasión silenciosa de su territorio. No. No. Y no. Pienso desde lo mítico en Huitzilopochtli, en lo histórico prehispánico en Cuauhtémoc, en la Colonia, en las revueltas indígenas que de manera cíclica resistieron, sin éxito, el yugo español, pienso en Hidalgo, en Morelos, en el Juárez guerrillero, en Zapata, en Villa, y en el giro post-revolución institucionalizada en Rubén Jaramillo, en Lucio Cabañas, en la generación marxista del 68, en las Fuerzas de Liberación Nacional, en los vestigios que la represión dejó de los jóvenes armados en los años setenta, en el Partido de los Pobres y después en el Ejército Popular Revolucionario. Pienso en el espíritu de miles de guerreros que dieron su vida en batallas antiguas y modernas por defender de otros invasores el suelo que ahora se supone es nuestro, los que le heredaron el color rojo a nuestra bandera. A la memoria de ellos hablo y me rehúso a creer que dentro del colonizado Ejército Mexicano no haya brotado un grupo de valientes que dijera ya basta a la entrega de nuestra patria y subvirtieran el poder vertical de las órdenes contrarias al bienestar del pueblo.
Hubo resistencia a los nazis en París, hubo fuerzas de contención al imperialismo francés en Argelia, hubo en la guerra civil española internacionalistas luchando con sus hermanos ideológicos, hubo latinoamericanos exponiendo su vida en combates contra-imperiales en África y Asia, y en la peor tragedia del último siglo mexicano, los más de ciento cincuenta mil mexicanos muertos por violencia lo constatan, con estudiantes desaparecidos sin explicación, con matanzas selectivas, con operaciones de falsa bandera para mantener asustada a la gente, con los recursos de la nación en remate abierto, ¿y no brincó nadie a decirles alto, no más? No puedo creerlo. No. No. No. Hasta en términos de probabilidad y estadística me parece imposible. Que el Estado al servicio del poder global y sus corporaciones de seguridad estén aplicando un régimen semi-totalitario, de opresión, de fuerza bruta a los mexicanos y no se haya replicado un discurso de liberación o de independencia en nueve años de guerra, no puedo aceptarlo, y la negación puede ser sinónimo de ceguera, de locura o una proyección de la historia dentro de la Historia.
Pensando en las réplicas actuales de aquellas súplicas que hacían los sacerdotes mexicas a los dioses para no ser abandonados ante la ofensiva militar de los conquistadores, me vuelvo a preguntar: ¿Cómo los dioses de la guerra pudieron olvidar a un pueblo tan castigado por el imperio dejándolo sin legítima defensa? Pero si sostengo que ese silencio, ese vacío no puede ser explicado, ¿qué está pasando? No lo sé. Pero en la fantasía puedo inventar motivos para entender esa aparente orfandad. Porque en las batallas de las últimas décadas contra las dictaduras latinoamericanas, los genocidios fueron terribles cuando se libraron guerras abiertas o tradicionales por la liberación. Los generales extranjeros no sienten lazos con el pueblo, y lo primero que hacen ante un brote insurgente es masacrar civiles para inundar de miedo el escenario y restarle apoyo a lo (r)evoluciónario. Si esos grupos armados aprendieron las dolorosas lecciones del siglo XX, ante una invasión, la única respuesta patriótica es no poner en riesgo al pueblo, no exponerlo a más violencia que la aplicada de manera encubierta y descubierta por el mismo gobierno. Es decir, una guerra secreta a largo plazo, antes que la desaparición súbita de nuestras fuerzas guerreras, es lo que fantaseo sobre lo que vive México, y si es errada o errorista mi interpretación, pues entonces quizá nos merecemos sucumbir finalmente ante las garras y el pico del imperio.
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Contra(comunicado):
Como decía Henry David Thoreau, "No pido inmediatamente que no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor". El orígen de Medios y política fue el fraude electoral del 2006: nació La República de la Televisión y la programa(ción) se volvió dicta(dura): un monopolio opinativo de Tercer Grado. Aquí en 'Medios y política' están las evidencias comunicacionales que sostienen nuestra tésis: Felipe Calderón no ganó las elecciones; la oligarquía lo impuso mediante un fraude para auto(comprarse) lo que queda de México. Y lo repitieron imponiendo a Enrique Peña Nieto en el 2012. Por eso pedimos lo posible: que se restaure La República.
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