La estrategia mediática del
Imperio para imponer las "reformas estructurales" y no salir raspado, es que
Carichueca absorva los costos políticos por imponer impuestos y empobrecer al pueblo y que la "ola" del descontento no le llegue a Enrique Peña Nieto. Y para que no estalle el fuego, Calderón será resguardado del juicio crítico por la televisión y sus
voceros, que dirán: "Ante la crisis mundial, el
Presidente actuó como estadista, asumió la responsabilidad de las dolorosas medidas para salvarnos del
tsunami económico". Propaganda. Después de perder las elecciones intermedias,
la mafia de los 30 degradó a Felipe Calderón a
florero y lo arraigó en
Los Pinos. La herida de su ilegitimidad está desangrando al
Imperio, y es hora de reventarlo.
Así está escrito en el
manual neoliberal: "después de una tragedia, de un desastre natural, un
golpe de estado o una guerra, es el momento preciso para imponer las reformas económicas profundas". Por eso, toda la batería mediática del
Imperio magnifica la inundación de zonas populares del Distrito Federal y el Estado de México para ocultar la masacre económica. "
El Presidente es solidario con el pueblo, los escucha, los atiende delante de las cámaras", carne mediática para el televidente que, perdido en la frecuencia de las "aguas negras", aceptará sin recato los latigazos hacendarios del
carichueca: nuevos impuestos a la cerveza, al vino, al cable, a la telefonia, a las medicinas y a los alimentos. Aumento, aumento, aumento.
Carichueca ya no tiene nada que dar, y nada que perder. Por eso "el presidente" será utilizado por la
mafia de los 30 para destruir la posibilidad de movilidad social de millones de mexicanos y preservar la pobreza que inmoviliza el descontento y frustra cualquier posibilidad de cambio real en el ser humano.
Carichueca fracasó en sus intentos por cumplir las órdenes de la mafia transnacional para privatizar PEMEX y ahora, siguiendo el guión escrito por el
Imperio, atentará contra millones de mexicanos. Calderón es un terrorista económico al servicio del
neoliberalismo salvaje. Su misión final: rociar de gasolina un pasto de fuego.
¿Y a poco creen que no habrá respuesta?