lunes, marzo 19, 2007
Entre el cosmos y el caos
Abrir la prensa diaria, encender la radio o la televisión y, en fin, acudir a cualquier otro medio de información lleva a tomar conciencia de que el planeta en que vivimos no es ciertamente el "mundo feliz" del que han hablado las utopías.
Hagamos una brevísima enumeración de los aconteceres adversos. Hay catástrofes naturales, terremotos, tsunamis, cambio climático, destrucción de bosques y plantas, extinción de especies animales, contaminación que de muchas formas agobia y se agiganta. Las confrontaciones bélicas se multiplican: invasiones como las de Afganistán e Irak; tensiones y combates en el Cercano Oriente, en Sudán y Somalia. Pululan las acciones criminales: terrorismo, tráfico de estupefacientes, asaltos, secuestros, homicidios. A todo esto se suma la situación en que viven cientos de millones de seres humanos en pobreza o miseria, en contraste con la opulencia de unos pocos; la corrupción en diversas esferas; la galopante globalización económica que desquicia a no pocos países y que, en su aspecto cultural, parece dirigida a clonar a todos los humanos; el agotamiento y carestía de los energéticos; las pandemias como la del sida.
Desde luego que el elenco de las desgracias podría continuarse. Y no es por pesimismo o, peor aún, por masoquismo, por lo que tomamos conciencia de todo esto. Al hacerlo se nos viene a la mente el antiguo dilema, recurrente en el pensamiento de muchos pueblos, a saber si es que nos hallamos realmente en un cosmos o estamos retornando al caos.
Caos (chaos) significa en griego abismo, desorden, espacio vacío y, por extensión, el estado original del universo. De ello -aunque sin emplear necesariamente la designación de caos- hablan muchas mitologías del viejo y nuevo mundo. Lo que llamamos universo, con todas sus realidades visibles e invisibles -lo designado por Pitágoras con el nombre de cosmos (kósmos)- es lo contrario del caos.
Originalmente sólo se hallaba el vacío primordial, la tiniebla absoluta. En la cosmogonía griega fueron los dioses quienes introdujeron el cosmos en el caos, el orden en la confusión. Con palabras distintas, algo semejante refieren textos amerindios, como el Popol Vuh de los maya-quichés al hablar de los orígenes de mundo.
La idea de que el universo es un cosmos fue la que en última instancia dio fundamento entre los griegos al desarrollo de la metafísica. Si el universo es una realidad ordenada, en la que cada cosa tiene su lugar, todo puede llegar a explicarse, todo tiene una razón suficiente y todo está sujeto a la ley de causa y efecto.
Con esta persuasión vivió la humanidad muchos siglos, diríamos que tranquila, no obstante que durante todo ese tiempo tuvo que enfrentarse a muchos aconteceres que en modo alguno podían entenderse en el marco de un universo cabalmente ordenado. Baste aludir a las guerras, hambrunas, epidemias, crímenes, desastres naturales y otras catástrofes. El mal, no sólo el físico sino sobre todo el moral, no ha estado ausente en el escenario de este mundo.
Ahora bien, aconteció que, a mediados del siglo XVIII, algunos empezaron a perder la fe en la idea de que este mundo es un cosmos sin fisuras. El filósofo Immanuel Kant (1724-1804) en su Crítica de la razón pura realizó una aportación perdurable: mostró cuáles son los límites del conocimiento humano. Tales límites implicaron no sólo la duda, sino el señalamiento de la imposibilidad crítica del conocimiento metafísico.
A partir de entonces los principios básicos de razón suficiente (todo debe tener una explicación) y de causalidad (todo debe tener una causa) perdieron su antigua y universal vigencia. Temas como el de la demostración de la existencia de Dios, los principios morales con valor universal, las leyes de la física y en general de las ciencias naturales, quedaron en entredicho. No es que fueran negados; se consideraron indemostrables por la vía de la razón. La experiencia, el otro recurso, no pudo aducirse. Para establecer una ley universal y necesaria por la vía empírica sería necesario abarcar todos los casos posibles y conferir así a su enunciación alcances plenos.
¿Quedó el ser humano en desamparo? Atendamos a un ejemplo: el de la teoría de la evolución de las especies propuesta por Carlos Darwin. Por siglos se creyó que todo en el mundo había sido creado directamente por Dios. Con Darwin se postuló que existía una evolución natural de las especies. Los organismos vivientes tenían por sí mismos el atributo de evolucionar, verosímilmente hacia formas mejores. Teorías, que cabe calificar de complementarias, han aducido argumentos en pro de tales o cuales factores naturales como responsables de la evolución. En esas explicaciones ha subyacido el recurso a la teoría de las probabilidades.
¿Qué son ellas en última instancia? Son las que pueden dar respuesta a preguntas tan simples como ésta: ¿por qué, si dejo de sostener cualquier objeto, éste caerá al suelo? Se dirá que ello ocurre por la ley de la gravedad. Sólo que dicha ley no puede fundamentarse en la universalización de la necesidad de que tal cosa ocurra, aun partiendo de un número, por grande que sea, de observaciones. Para ello habría que demostrar la existencia allí de un nexo de causalidad con apoyo en un principio metafísico críticamente no demostrable. Al hablar de "ley de la gravedad" se está atendiendo, al menos implícitamente, a la suma de probabilidades en las que se percibe eficacia para explicar el acontecer en cuestión.
Si el principio metafísico de causalidad no es sostenible, ni respecto del ejemplo aducido ni de cuantos se quiera imaginar, ¿se puede seguir afirmando críticamente que nuestro mundo es un cosmos en el que todo es lógicamente explicable? Y, si además dirigimos la mirada hacia los desórdenes que ocurren en nuestro entorno -guerras, catástrofes, terrorismo, tráfico de drogas, torturas, crímenes y la larga serie que enumeré al principio-, ¿sostendremos que el concepto de cosmos tiene validez plena? A la luz de esto, ¿no es cierto que el significado de cosmos y caos en su relación con el mundo en que vivimos lejos están de ser cristalinos?
Si nuestra existencia se ve oscurecida muchas veces con nubarrones que recuerdan las sombras del caos, no por ello deja de ser verdad que en muchos aspectos el orden se impone. ¿El genoma de los vivientes no es un ejemplo de ello? Y, ¿el curso de los astros es acaso errático? Orden y desorden, bien y mal, cosmos y caos, parecen dualidad inseparable de nuestro existir en un universo cambiante y sin reposo. Algunos han tratado de esclarecer el enigma. ¿Las utopías concebidas por humanistas como Tomás Moro han sido vano anhelo de imaginar un cosmos sin fisuras? ¿Ocuparnos de esto en un mundo con tantos apremios es inútil cavilación?
Traidor.

Don Cuauhtémoc Cárdenas, no conforme con la traición electoral al partido que fundó, ahora se va contra la memoria histórica, y sin descaro --y como parte del guión de uncle Bush--, pide la intervención de capitales privados en la explotación del petróleo mexicano, precisamente el día de la conmemoración de la expropiación del petróleo (a esos capitales) que realizó su padre.
Que don Vicente y Feli-pillo le vayan guardando al ingeniero un campito en el basurero de la historia.
domingo, marzo 18, 2007
Ya está cumpliendo órdenes de uncle Bush!
Señala el Presidente que de no actuar oportunamente, de permanecer inmóviles, las consecuencias serán irreversibles, pues de nada servirá que el petróleo sea de los mexicanos si en el corto tiempo nos quedaremos sin él
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Notimex
El Universal
Ixhuatlán del Sureste, Ver.
Domingo 18 de marzo de 2007
Por ello exhortó a los involucrados en el tema, incluyendo el Congreso de la Unión, a buscar soluciones al problema sin prejuicios partidistas, dijo durante la ceremonia conmemorativa del 69 Aniversario de la Expropiación de la Industria Petrolera.
El mandatario agregó de no actuar oportunamente no podrá revertirse la producción de los últimos años y lo grave es que México pasará de ser exportador a importador de crudo y sus derivados.
Sentenció que en caso de permanecer inmóviles las consecuencias para el país serán irreversibles, pues de nada sirve que el petróleo sea de los mexicanos si en el corto tiempo nos quedaremos sin él.
Calderón Hinojosa urgió a invertir en exploración para garantizar la producción de crudo para esta y futuras generaciones, "porque no podemos evadir la responsabilidad que significa para México que los jóvenes del futuro se queden sin petróleo", advirtió.
Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
Pemex: rescate político-financiero del secuestro de sus peores enemigos
Se debería empezar por una triple auditoría ciudadana al Banco de México (BdeM), a la Secretaría de Hacienda y a Petróleos Mexicanos (Pemex) para detectar los agujeros negros que absorben sus ingresos descomunales que han resultado insuficientes para (en)cubrir los enormes boquetes financieros del disfuncional modelo neoliberal (ver Bajo la Lupa, 11 y 14-03-07) .
En paralelo, habría que quitar a Hacienda el control de Pemex, donde no tiene nada que hacer y así obligarla a ejercer sus funciones primarias que no cumple (v.gr. cobro de impuestos a la parasitaria plutocracia neoliberal, a la que solapa y subvenciona).
En el consejo de administración del "nuevo Pemex" deberían estar los inexistentes gobernadores de los estados petroleros, grotescamente transformados en espectadores pasivos y receptores de polución, para participar en la toma de decisiones que afectan el patrimonio de sus ciudadanos.
El haber sugerido la "regionalización" de la paraestatal, al estilo de Alaska y Texas, nos valió ser expulsados de una revista local. Así que nos ahorraremos lo que parece significar una idea subversiva: la creación de un Pemex-Campeche, Pemex-Chiapas, Pemex-Veracruz, Pemex-Tabasco, Pemex-Tamaulipas, etcétera, cuyos gobiernos locales totalmente ausentes debieran ser los responsables en explorar y explotar su riqueza petrolera, además de proteger su medio ambiente depredado por los neoliberales, y así quedarse con una sustancial parte de sus pletóricos ingresos para luego aportar su contribución a la Federación, es decir, algo similar a lo que hacen las trasnacionales anglosajonas y/o Alaska y Texas. El mapa de la distribución de la riqueza de México cambiaría dramáticamente del norte al sur.
Aprendimos la lección de no ser más localistas que los ausentes gobernadores, y nos quedamos en las soluciones "federales".
Llama la atención el carácter parcelar y desintegrativo de las "soluciones" de la amazona mendaz del New York Times, Elizabeth Malkin, y el director de Pemex, Reyes alias Herodes (seleccionado para asesinar al niño Pemex).
Dejando de lado los escollos geopolíticos impuestos por Estados Unidos, si nos centramos en las dos carencias "insolubles" que alegan ambos, "educación" y "dinero", existen sencillas medidas político-financieras que pueden ser aplicadas en forma aislada y/o combinada con una visión integral: México visto como un todo y no atomizado en feudos parcelares.
El cambio del modelo neoliberal trasnacional, el peor enemigo de la tenencia nacional de Pemex, constituye un imperativo de supervivencia tanto de la paraestatal desnacionalizada en forma gradual, como de la nación mexicana desmantelada en su infraestructura financiero-industrial.
Si nuestros amigos de Petrobras explotan exitosamente las aguas profundas, no vemos por qué nuestros ingenieros y/o técnicos capacitados no puedan desarrollar esa función mediante la creación de carreras y/o cursos profesionales en las universidades públicas (no las entreguistas neoliberales, como el ITAM y el CIDE) para lograr la autosuficiencia del conocimiento e impulsar la inventiva científica.
Aun en el contexto del vigente modelo neoliberal, "dinero" sobra para cubrir el dizque "faltante" de entre 8 mil y 10 mil millones de dólares al año que pudieran provenir de cuatro fuentes domésticas:
1. Urge abolir la aberrante "autonomía" supraestatal del BdeM que sigue en forma esclavizante el "modelo del Fondo Monetario Internacional (FMI)", y así utilizar parte de los 76 mil 842 millones de dólares en reservas que provienen en su mayor parte del mismo petróleo y que ahora sirven para sostener al moribundo dólar. Frente a la diversificación global de las divisas de los bancos centrales, el cordobista Ortiz mantiene nuestras reservas en dólares inservibles (con un ridículo 0.05 por ciento en otras divisas), pésima decisión que ha costado al país una fortuna (¡más de 20 mil millones de dólares debido a la devaluación de la divisa!), y acaba de aumentar en forma descabellada su aportación al FMI a un exagerado 21 por ciento, 4 mil 654 millones de dólares, cuando los sensatos Brasil y Argentina la liquidaron y sacaron a patadas para poder crecer sin sus castrantes "condicionalidades" que favorecen en forma unidireccional la hegemonía del "dólar-chatarra". Quizá, el disfuncional Ortiz (no es una persona culta, sino un fiel "empleadito" de Washinton) no esté enterado, pero ya ni en Estados Unidos creen en el FMI (v.gr. "Reporte Meltzer", del Congreso) y ni siquiera en su mismo seno, donde abundan sus cantos de despedida fúnebre: "Reporte final del comité para el estudio del financiamiento sostenible en el largo plazo del FMI" (31-01-07). Ortiz dilapida casi 5 mil millones de dólares en un barril sin fondo: el FMI (¿cuántos más no habrá?). Con nuestras reservas monetarias, el iluso Ortiz, otro poseído de la globalización, pretende triplemente: 1. salvar sicóticamente a Estados Unidos de su quiebra financiera inevitable; 2. impedir la inexorable devaluación del dólar, y 3. rescatar al moribundo FMI de su cáncer terminal. ¡La demencia total! ¿Donde está el Congreso? ¿Quién detendrá toda la vesania que se apoderó de los neoliberales que toman medidas de "(PAN)ico" para salvarse de su naufragio mental?
2. Utilización de parte de las Afore, que andan en 100 mil millones de dólares (que corren el riesgo de un desplome bursátil inminente), mediante una ingeniería financiera creativa que rescate a Pemex de su "quiebra neoliberal".
3. Lanzamiento de atractivos bonos del petróleo del Golfo de México ("Bopegom") en similitud al financiamiento de las superexitosas "nuevas siete hermanas" estatales -la saudita Aramco, Gazprom (Rusia), PDVSA (Venezuela), Petronas (Malasia), Petrobras (Brasil), NIOC (Irán) y CNPC (China)-, que han superado a las viejas siete hermanas trasnacionales anglosajonas.
Y 4. Cuando la "desglobalización" toca a la puerta de Estados Unidos (Bajo la Lupa, 11-02-07), en el modelo aún imperante aunque agónico de la globalización financiera no se puede operar sin banca nacional, al riesgo del suicidio. En términos de "capitalización de mercado", el "México neoliberal" es el único país del mundo que entregó prácticamente toda su banca a manos foráneas: 92 por ciento. Uno de los principales hallazgos de nuestro libro Los cinco precios del petróleo versa en el binomio inextricable de la banca y las petroleras anglosajonas que comparten y se reparten sus consejos de administración en forma rotatoria, además de poseer el control del duopolio bursátil petrolero de Nueva York y Londres.
Cualquier medida sería paliativa sin la creación de una banca de inversión en energéticos, como nos han enseñado las mismas petroleras anglosajonas, pero también las magnificentes petroleras estatales: las "nuevas siete hermanas".
En la batalla épica entre la alquimia financiera y la química petrolera, el neoliberalismo trasnacional del BdeM (un "Estado dentro del Estado") y la salvación nacional de Pemex (en vías de aniquilación) son mutuamente incompatibles y excluyentes.
Al Congreso incumbe la decisión histórica de pronunciarse por la salvación de la paraestatal o, en su defecto, empecinarse en sostener fútilmente el caduco modelo neoliberal del BdeM habiendo liquidado a Pemex. No hay vuelta de hoja.
Contra el Maquiavelismo
José Agustín Ortiz Pinchetti
100 días, mil días, 2 mil días
Los comentaristas se esfuerzan por prever cómo será el gobierno de Felipe Calderón a juzgar por sus primeros 100 días. Están mal. Lo de los 100 días es una remembranza del arranque del gobierno de Franklin Roosevelt. La comparación es grotesca: el pueblo de Estados Unidos, en 1933, estaba consciente de que vivía en un momento decisivo y peligroso. Roosevelt le ofreció un nuevo trato, un cambio radical. Calderón garantiza que las cosas seguirán iguales. Después de 24 años de decadencia económica, México no está en crisis. Los mexicanos tenemos embotada la conciencia de nuestro hundimiento.
Calderón no tiene recursos para cambiar esa trayectoria. El mismo carece de liderazgo en su partido y de experiencia en la administración pública. Su equipo, a excepción de los tecnócratas que han hecho religión del neoliberalismo, es de una pobreza conmovedora. Tampoco tiene proyecto definido. Las medidas con que intenta despertar esperanzas son plagios del programa de Andrés Manuel López Obrador.
Además, tendrá un año económico muy difícil. Su promesa de crear 2 millones de empleos en 2007 se ve imposible de cumplir. En el primer trimestre se han perdido 200 mil. Además, el aumento a la tortilla provocará mayor pobreza alimentaria e inflación. Las grandes movilizaciones militares en Michoacán, Guerrero y Sinaloa han tenido impacto. En el fondo están destinadas a fracasar. Pronto se hará evidente que el narcotráfico y sus crímenes están firmemente enraizados en el aparato de poder en México.
¿Por qué pensar que en 100 días Calderón iba a dar un golpe espectacular contra los grupos de interés?, según le aconsejaba Jorge Castañeda. Al contrario, finca su poder en los acuerdos que tiene con ellos. Garantiza a los priístas impunidad total. Las viejas uniones sindicales, en plena descomposición, son sus pilares. Ha designado a Elba Esther Gordillo "secretaria de Educación Adjunta". Ella y su enorme sindicato son el peor obstáculo para la reforma educativa, ¡que ahora estará en sus manos!
Todo mundo le aconseja que afronte a los monopolios, porque éstos asfixian la economía mexicana. Estamos de acuerdo. Pero, ¿cómo podrá desafiar a sus dueños, a quienes disfrutan de un régimen fiscal permisivo y controlan la economía mexicana en su beneficio? Esos barones lo apoyaron e impusieron en la Presidencia de la República. Calderón, como ha reconocido, no tiene capital político para lidiar contra ellos.
Está atrapado entre la desaceleración de la economía, la caída de los precios del petróleo, el alza a los básicos y el poder de los grupos de presión. No le queda más que continuar lo que está haciendo y montarse en una formidable campaña mediática. No se puede pronosticar, ni sería deseable, el hundimiento del régimen, pero tampoco podemos pensar que Calderón rendirá buenas cuentas en 100, mil o 2 mil días.
No a la guerra.
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