En una estrategia de reflejos lingüísticos, el PRI decidió recurrir a lo barrial para contestar las impugnaciones de la izquierda, utilizando el albur o adjetivos de comedia televisiva para demeritar las pruebas que AMLO entregó al Tribunal Electoral sobre el fraude de
Los Monex.
Todos los días emerge por la voz de los priístas un 'chiste' o una metáfora 'sensacional de barrios' para atacar a AMLO bajo un principio extraño: me denigro yo, denigro la política y denigro a mi adversario.
Nada más les falta decir como el Juan Camaney: –Bailo tango, masco chicle y compro votos de a montón, tururú–.