jueves, septiembre 29, 2016

Hacking team: la práctica del control social encubierto

La palabra hacking tiene varios significados, la más conocida se relaciona con individuos que actúan como saboteadores o guerrilleros en el ciberespacio, bloqueando o robando información de sitios de gobierno o corporaciones; también pueden ser programadores virtuosos utilizados por gobiernos en áreas de inteligencia o por grupos subversivos ideológicos como el caso de Anonymous. Pero esa definición de "hacking" es limitada para explicar el proyecto de control social aplicado por el neoliberalismo en México. Para ello, debemos entender "hacking" desde el campo deportivo que significa atrapar, cortar o atacar, al balón o a un jugador en especial. Y si tienes un "hacking team", entonces la actividad de interceptar o atacar se realizará entre un grupo de personas.

La empresa de espionaje "Hacking team" tiene sede en Italia, y como se dio a conocer primero en WikiLeaks y después en varios medios nacionales y regionales, fue contratada por el gobierno de Enrique Peña Nieto para realizar trabajos de contrainteligencia mediante un software llamado Da Vinci y en el caso particular de Baja California se documentó que sus agentes corporativos en visita al estado utilizaron el avión del gobernador Francisco "Kiko" Vega. Es decir, es un hecho periodístico que como en veces el periodismo es, pasó rápido y no se explicó a fondo su conexión con el mundo social, lo que sucede entre los datos virtuales obtenidos de manera ilegal y los mecanismos de acción policiaca que se implementan con la información obtenida.

Los gobiernos autoritarios que intentan ser totalitarios, empiezan amedrentando a grupos selectos de individuos: intelectuales, líderes políticos, activistas cibernéticos, periodistas, defensores de derechos humanos, artistas, profesores universitarios, sindicalistas verdaderos, izquierdistas radicales y una vez establecido un poder de inacción a sus principales adversarios o detractores ideológicos, le aplicarán el método, paso a pasito, a la población en general. La inteligencia de un estado siempre utiliza uniformes o actores para recolectar información que lo lleve, si eso es posible, a conocerlo todo, y apretar psicológicamente a los temores colectivos y a los adversarios selectivos. Y en tiempos de guerra se paga jugoso salario por hacerlo, ya que la economía paralizada abre puertas de movilidad adquisitiva en el campo burocrático relacionado con la seguridad. Ese paraíso fangoso por donde corren los millones de dólares de los gringos mediante su Iniciativa Mérida y la supuesta guerra contra las drogas.

Aquí, un ejemplo de las obras sociales montadas en mi contra: Lunes. Salgo de mi casa y afuera está un camión del Zeta gas. Sincronía jungiana. Martes. Salgo de la casa y a unos metros de la puerta está un camión del Zeta gas: el intento don juanesco quizá. Miércoles. Salgo de la casa, camino unos pasos y me sigue un camión del Zeta gas a velocidad lenta por varios metros, en el camino acelera y desacelera su motor. Jueves. Salgo de la casa y en la esquina está un camión del Zeta gas y su chofer me toma una foto con su celular mientras cruzo la calle. Viernes. Salgo en el carro para evitar la repetición de los hechos y el camión del Zeta gas está estacionado en el bulevar y me sigue varias cuadras con la bocina encendida a todo volumen. Sábado y está de nuevo afuera de la casa. Domingo al salir también. Por deducción lógica el camión de los Zetas está siguiéndome y yo sí sé por qué.
 
El Hacking team realiza seguimientos a teléfonos celulares, altera sus micrófonos, los geolocaliza, revisa los correos electrónicos, analiza llamadas de Skype o los datos del WhatsApp, ¿Y para qué? ¿Para masturbarse en las oficinas frías del neoliberalismo? No. Para ejercer el poder, el terror y el miedo mediante pinceladas de autoritarismo que son casi guión de una película de terror o poesía distópica. Por ejemplo, me visita un amigo y decidimos ir a comer pizza, al regresar, fuera de casa está una caja de pizza vacía. Voy a pagar las placas del carro, y al volver está una fotocopia de una tarjeta de circulación en la banqueta. Me visita un amigo para hacer ejercicio y encuentro en el patio un dibujo con un trazado infantil de un par de hombres bailando. Al principio, cuando lo sucedido parece aleatorio, lo primero que viene a la mente es lo que Aristóteles define como la catársis: sentir al mismo tiempo compasión y terror. Pero después, cuando la lógica social o la matemática y su probabilidad hacen evidente la falsa reiteración de esos hechos, sigue el juicio post-racional: chinguen a su puta madre, me están siguiendo.

El equipo del hackeo tiene tejida en su interior una red de personas que años atrás en otra sociedad y continente, Carlos Marx llamó "Lumpemproletariado", una clase social que no tiene consciencia de clase, está fuera del sistema, ni estudian ni trabajan dirían ahora, y sobreviven en actividades informales como el tráfico de objetos, la prostitución o vendiendo droga. Esa red está articulada en zonas habitacionales que cubren los objetivos a hackear para elevar la temperatura social del territorio, facilitar la labor de halconeo y seguimiento de las actividades realizadas en el sitio señalado. Cada vez que alguien llega o sale de mi casa taller, se activa el protocolo lumpen y en bicicletas, patinetas o caminando pasarán una y otra vez delante de nosotros, haciendo claro el mensaje "los estamos viendo".

Dentro de las tácticas del ruido sostenido, el grupo de hackeo aplica la construcción infinita, donde alrededor de los objetivos se establecen trabajadores de la construcción que coordinan acciones con las actividades del observado. Si llega alguien a casa, se escucha un martillo. Si sale, se escucha de nuevo. En otros casos, al llegar alguien a trabajar prenden un radio a volumen desconsiderado y trabajan horas extras. El claxon loco como elemento disruptivo de la escena es de sus herramientas recurrentes como el objeto metálico que en loops cae al suelo. Otra táctica sucede cuando estoy barriendo la calle o el patio, pasan personas hablando por teléfonos celulares, y dicen en voz alta palabras clave o pinza. Por ejemplo si en la mañana publico un estado en Facebook, repiten lo que escribí a manera de diálogo: "entonces al fondo a la derecha". Otras, en caso de que vaya a desarrollar una actividad como celebrar un cumpleaños, al pasar dicen: "voy al cumpleaños", o bien enuncian algunos nombres de familiares o de amigos, de situaciones donde estuve involucrado en tiempo pasado o de mis recientes comunicaciones electrónicas.

Las anteriores son algunas de las observaciones que realizé durante meses; el fenómeno es diario, sin falta, pero se van moviendo, repiten sus técnicas y métodos, pero las van puliendo o administrando el disfraz para nunca ser tan obvios y no develar su juego empleo. Y de vez en cuando las policías y el ejército son parte de alguna operación mixta entre lo visible y lo invisible del Estado; podría explicar más detalles de las jugadas utilizadas pero cuando un método de perversión es expuesto es suficiente con haberlo liberado. La historia lo constatará. Desde luego, la sutileza de los mensajes hace casi perfecta la obra distópica y una vez detectados los protocolos, comparé sus características con otras policías secretas de la historia moderna y presentan similitudes monstruosas. Cuando la historia está sucediendo, está sucediendo y para muchas personas es imposible ver la sucesión de los hechos, por eso escribo lo que escribo, como pequeño testimonio de una época; la del terror invisible.

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Contra(comunicado):

Como decía Henry David Thoreau, "No pido inmediatamente que no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor". El orígen de Medios y política fue el fraude electoral del 2006: nació La República de la Televisión y la programa(ción) se volvió dicta(dura): un monopolio opinativo de Tercer Grado. Aquí en 'Medios y política' están las evidencias comunicacionales que sostienen nuestra tésis: Felipe Calderón no ganó las elecciones; la oligarquía lo impuso mediante un fraude para auto(comprarse) lo que queda de México. Y lo repitieron imponiendo a Enrique Peña Nieto en el 2012. Por eso pedimos lo posible: que se restaure La República.

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