jueves, junio 21, 2007

PROCESO. Mario Villanueva: En política el chantaje se llama negociación

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México, D.F., 20 de junio (apro).- Poco antes de ser detenido, el exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, concedió una entrevista al semanario Proceso, en la que habló de todo: rechazó que tuviera nexos con el tráfico de drogas; renegó de su partido, el PRI; acusó al entonces presidente Ernesto Zedillo y a otros políticos de utilizarlo como “chivo expiatorio”, y confió que querían matarlo.

Por ser de interés público, se reproduce a continuación el texto íntegro de aquella entrevista realizada por el reportero Martín Morita y publicada en la edición número 1217 de fecha 28 de febrero de 2000, bajo el título: “Desde la clandestinidad: “Si de corrupción se trata, ellos me ganan”: Mario Villanueva.


Prófugo de la justicia mexicana desde hace 10 meses, el exgobernador Mario Villanueva se muestra desesperado y se lanza contra todos y contra todo. Dice que está dispuesto a entregarse, pero amenaza: "Tengo mucha información, documentos y grabaciones que son mi salvoconducto."

Se siente "traicionado por un sistema y un partido” –el PRI– al que sirvió “fielmente".

Villanueva habló con el reportero por segunda ocasión desde su huida, el 27 de marzo de 1999, nueve días antes de concluir su gestión. En la primera entrevista, que concedió desde la clandestinidad en junio del año pasado, se consideró "perseguido por un sistema político perverso y criminal".

–Casi se cumple un año de su fuga, ¿ha pensado en entregarse?

–Sí, ahora más que nunca.

–¿Por qué?

–Porque ahora ya estoy preparado para hacer frente a toda esa bola de infundios que me achacan. Y no me refiero a estar preparado judicialmente, porque en México las leyes y la justicia valen madres. Estoy preparado para enfrentarlos en su terreno, con sus mismas y sucias maniobras. Si no se me garantiza un juicio justo y el respeto de mi vida y la de mi familia, les voy a armar un escándalo y demostraré quién es más bandido, quiénes son realmente los malos de esta comedia que me han armado.

–Eso suena a chantaje...

–En política se llama negociación.

–¿Así se hacen las cosas en el PRI?

–En el PRI y en todo el sistema político mexicano.

–¿Y cómo piensa enfrentarlos?

–Con todo lo que tengo y sé de ellos, papeles, grabaciones...

–¿Por qué no muestra de una vez sus cartas, si es que las tiene?

–Porque son mi salvoconducto. ¿Qué harías tú en una situación como la mía? Yo no soy pendejo. Cuando me di cuenta de que me querían chingar, empecé a recabar toda la información que me fue posible, empecé a grabar todas las conversaciones telefónicas con cuanto cabrón hablaba, también grabé, y hasta con cámaras de video, las reuniones que tuve en mi despacho y en la Casa de Gobierno. Cuando Mariano Herrán (el fiscal especializado en delitos contra la salud) fue a Palacio a interrogarme, todo quedó grabado... todo eso lo tengo y lo tienen otras personas que saben que si algo me pasa las van a soltar a la prensa, al gobierno de Estados Unidos...

–¿Son asuntos del narco...?

–Yo no soy narcotraficante. Otros sí, pero yo no. Lo que sí puedo decir es que hay una corrupción de su puta madre... Sólo imagínate cuando se sepa quiénes son los verdaderos dueños de muchos grandes hoteles y negocios de Cancún, de Cozumel y hasta de otras partes del país. Se van a ir de espaldas y eso yo lo sé, me consta de verdad.

–¿Quiénes son sus enemigos?

–No son muchos, pero sí son gente de peso. ¿Los nombres? Pues empezando por Zedillo y sus hermanos, Liébano (Saénz), Roberto Hernández, Pedro Joaquín (Coldwell), Carlos Rojas, José Antonio González, Jorge Madrazo, Herrán...

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–¿Por qué el presidente Zedillo?

–No sé si por ingenuo o porque de plano la agarró en mi contra. En México, no pasa nada si el presidente no mueve un dedo, y él sabía que eran puras mentiras lo de mi supuesto involucramiento (sic) con el narcotráfico y, sin embargo, dejó que eso creciera hasta sus últimas consecuencias.

–Usted decía que el presidente era su amigo...

–En el sistema político todos somos amigos y a la vez enemigos. A veces el de más confianza es el que te da la puñalada por la espalda.

–¿Entonces lo traicionó Zedillo?

–Me traicionó un sistema y un partido al que serví fielmente

–¿Y con Francisco Labastida?

–No sé, pero me da la impresión de que por el momento está haciendo lo que Zedillo quiere.

–¿Con él quiere negociar?

–En mis circunstancias estoy dispuesto a negociar con quien sea, siempre y cuando se me haga justicia, como debe ser. Eso es lo que quiero, un juicio justo, que se dejen de chingaderas de que soy narcotraficante. Puedo ser todo, menos eso, pero hay peores que yo... ¿por qué no investigan a Pedro Joaquín o a Carlos Rojas? Si de corrupción se trata, ellos me ganan y de calle... Lo que pido es que me retiren los cargos por narcotráfico, lavado de dinero y delincuencia organizada.

–¿Acepta usted que es corrupto?

–Cuando se gobierna un estado como Quintana Roo, que tiene un gran potencial turístico, el más grande de México, no necesariamente se tiene que robar del presupuesto. Eso es lo de menos. Para un gobernador lo más fácil es hacer negocios, y eso es lo que yo hice, como también lo han hecho otros gobernadores, todos creo, y muchos otros políticos de primer nivel.

–¿Cómo quiénes?

–Todo a su tiempo.
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–Algunos de sus excolaboradores dicen que Emilio Gamboa Patrón fue quien lo traicionó...

–Puede ser, a estas alturas creo que han sido muchos los que me traicionaron, los que me dieron la espalda. La verdad no me consta de Emilio, pero puede ser... Los que no cumplieron con un pacto de hombres que hicimos fueron Diódoro y Hendricks.

–¿Qué hay con los hermanos del presidente Zedillo?

–Quisieron hacer negocios en el estado, con sus constructoras, y tenían intenciones de comprar un hotel de Cancún. Yo le dije al presidente que no era conveniente para él, al menos no durante su gobierno. En un principio el presidente me dio la razón, luego no sé que pasó, pero Liébano me dijo un día: “Oye Mario, ahora sí ya te chingaste”. ¿Por qué?', le dije; y me respondió: “No te hagas, el presidente está encabronado porque corriste a sus hermanos de tu estado”. Le expliqué que no era así, pero Liébano insistió: “Pues a ver cómo le haces, pero tienes que resolver esto de inmediato”. Le dije que iba a hablar con el presidente, pero Liébano me dijo que no recibiría mis llamadas.

–¿Así fue?

–No, sí hablé con el presidente en otras ocasiones, vino al estado, pero cuando le quería tocar el tema de sus hermanos siempre me decía: “Luego lo vemos, luego lo vemos”.

“Me querían matar”

–¿Le tiene miedo a la cárcel?

–La verdad, al principio sí, pero cuando me di cuenta de que la intención no era sólo meterme a la cárcel o darme un escarmiento, dejé de tener miedo a estar en prisión y empecé a temer por mi vida.

–¿Aún cree que lo quieren matar?

–Tal vez ahora sí lo piensen dos veces.

Mario Villanueva recuerda que el presidente Zedillo también se molestó cuando alguien le llegó con el “chisme” de que estaba supuestamente haciendo negocios con Jorge Hank. “Es más, creo que a partir de eso fue cuando se me empezó a relacionar con lo del narcotráfico... Otro amigo me dijo que el presidente estaba molesto porque estaba haciendo negocios con los Hank, que queríamos poner un casino en Cancún. Yo le dije que lo único cierto es que tenía una gran amistad con el maestro Hank González, pero hasta ahí. Nada de negocios con él ni con ninguno de sus hijos, pero no me creyeron."

–¿Cómo empezó lo de su presunta relación con el narcotráfico?

–Un día Emilio (Gamboa) vino a Quintana Roo, cuando estaba en Fonatur, y me dijo como tomándolo en broma, pero en serio: “Nos acaban de abrir una investigación en la PGR en la que tú, yo y Liébano aparecemos como narcos”. Le pregunté si era en serio y me respondió: “De verdad, pero no te preocupes, ya hablé con el presidente y me dijo que iba a parar ese cuento, porque sabe que es un invento que inició Antonio Lozano Gracia. Ya sabes, son cosas de política, pero se la van a pelar”. A los pocos días fui a la Secretaría de la Defensa Nacional, hablé con un general y le pedí que me investigara. El general me dijo que no había problema y que llevaría a cabo la investigación para que no quedara duda. Pero pasaron los meses y me di cuenta de que aumentaron las filtraciones a la prensa que decían que tenía relación con narcotraficantes.

–Usted cometió muchos excesos...

–No sé a que se le puede llamar excesos. ¿A poner en orden un estado que estaba hecho un desmadre? Porque esa es la verdad y así se lo hice saber a Carlos Salinas cuando aún era presidente y luego a Zedillo, que Quintana Roo necesitaba orden, mano dura, si así quieren llamarle, pero es que lo que Pedro Joaquín y (Miguel) Borge hicieron fue partirle la madre al estado, que no tenía ni 30 años de creado y ya cargaba con los vicios de uno de 500. Por eso metí en cintura a varios canijos como Arturo Contreras; a Salvador Ramos (Bustamante), que además de traicionar al partido le había partido la madre a miles de trabajadores; a Magaly (Achach, presidenta municipal de Cancún), que tiene un expediente más oscuro que nada... a Carlos Cardín, que es un transa de primera, que lo mismo le sirve a Pedro Joaquín que de oreja de Gobernación... Había mucho desorden y yo me di a la tarea de limpiar la casa, o por lo menos sacar la basura.

"Por eso cuando empecé mi gobierno les dije a todos mis colaboradores: a partir de ahora un solo peso no se mueve sin mi consentimiento, que esto era hasta para bien de ellos, porque al final del sexenio si algo malo pasaba sólo iba a haber un responsable: yo. Pero nunca me imaginé que las cosas se iban a poner de esta manera, porque ahorita no me están juzgando por mi forma de gobernar, sino por una cuestión mucho más grave, porque los que me quieren fregar saben bien que sólo así pueden hacerlo. Acusarme de represión o de enriquecimiento sería lo de menos, pero cuando te acusan de narco, aun sin fundamentos, estás adentro, te tienen agarrado de los testículos.”

–¿Lo tienen agarrado?

–Eso es lo que algunos creen y quisieran también, pero como ya te dije: de pendejo no tengo ni un pelo. Por eso huí, para poder prepararme y defenderme en el terreno que ellos mismos me han obligado... Políticamente estoy acabado, lo sé, como también sé que será muy difícil recuperar mi prestigio. Ahora sólo me queda luchar por estar de nuevo con mi familia, por demostrar que no tengo nada qué ver con el narcotráfico. Y digan lo que digan, voy a regresar a mi estado, a pasearme con la frente en alto.

–Son tiempos electorales, ¿está aprovechando la coyuntura?

–Si así lo quieren interpretar, me da igual, pero desde hace mucho les hice saber, les advertí que le pararan, que se dejaran de inventos, pero les valió madre. Ahora no me queda más que defenderme.

–¿Y si no ceden...?

–Allá ellos, pero yo me muero en la raya.

–¿Cuánto dinero tiene?

–La cuarta parte de lo que dice la PGR.

–Aun así, es mucho...

–No tanto como otros.

–Pero esa fortuna no es completamente legal...

–¿A qué le llamas ilegal? Aprovechar las influencias y circunstancias no es ilegal; ilegal es robar del presupuesto como lo han hecho otros, pero lo más importante es que a mí nunca me podrán probar que recibí un solo peso del narcotráfico.

–Roberto Madrazo, Víctor Cervera y Manuel Bartlett, ¿siguen siendo sus amigos?

–Tiene mucho rato que no me tomo un trago con ellos, pero los sigo estimando y considerando como tres de los mejores políticos que hay en México.

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–Cuando era gobernador usted decía que Diódoro Carrasco era su "hermano", así también le llamaba a Emilio Gamboa. ¿De plano ya se acabó esa gran amistad?

–De Diódoro te puedo decir que lo apreciaba mucho, venía por lo menos una vez al mes al estado, hasta casi nos hicimos compadres, pero creo que se pasó de institucional y ahora lo veo como cuando un presidente va a un estado donde el gobernador no es de su agrado, pero en público lo abraza y le dice "mi amigo".

–Así le decía Zedillo a usted...

–Así es, y créeme que al principio yo sí noté que era sincero.

–¿Sigue considerándose amigo del expresidente Carlos Salinas?

–Es otra víctima más del linchamiento político.

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Contra(comunicado):

Como decía Henry David Thoreau, "No pido inmediatamente que no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor". El orígen de Medios y política fue el fraude electoral del 2006: nació La República de la Televisión y la programa(ción) se volvió dicta(dura): un monopolio opinativo de Tercer Grado. Aquí en 'Medios y política' están las evidencias comunicacionales que sostienen nuestra tésis: Felipe Calderón no ganó las elecciones; la oligarquía lo impuso mediante un fraude para auto(comprarse) lo que queda de México. Y lo repitieron imponiendo a Enrique Peña Nieto en el 2012. Por eso pedimos lo posible: que se restaure La República.

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