miércoles, marzo 26, 2008

emo(tivo)

“Es tiempo de madurar y aceptar a quienes somos diferentes, sólo demostramos nuestras emociones”
Richter, 23 años, Estudiante de Derecho.

Asamblea: 25 de marzo. La (re)vuelta de los jaguares



El día amaneció con las "garras" afililadas. El senderodelpeje anunció se versión impresa con comentarios de Victor Hernández, Federico Arreola y Luis Mandoky. Por la mañana, algunas "orejas" tiemblan en la obscuridad de Los Pinos. El colibrí voló a la inversa: de la virtualidad a la imprenta. En el zócalo, en el "ombligo del mundo", a las cinco de la tarde quedó claro: el petróleo es nuestro; de todos los mexicanos y seguirá "siendo". A las cinco de la tarde, decenas de miles de ciudadanos se (con)gregaron para poner las cosas "en su lugar": la patria no se vende, la patria se defiende.



Andrés Manuel López Obrador:

"Que quede claro, la patria es primero; porque la patria es el ámbito de inclusión donde lo que se defiende es la continuidad del proyecto democrático[...] También quiero decir que entre más organización y más disciplina, mejores serán los resultados y más seguridad tendremos de no caer en ninguna provocación y mantener todas nuestras acciones en el marco de la no violencia.
Por esta razón, hemos tomado la decisión de no reconocer a ninguna brigada que no esté registrada y encausada en este esquema de organización. Es lógico que tendremos muchas más brigadas, pero queremos que sea un proceso ordenado y cuidadoso. No queremos que el CISEN, los espías del gobierno usurpador, o cualquier otra organización del régimen o de la derecha, formen sus brigadas o nos infiltren para provocar violencia y afectar nuestro movimiento."
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Hoy su suman a la defensa del petróleo: Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Margo Glantz. Enrique González Pedrero, Lorenzo Meyer, José Ma. Pérez Gay y Arnoldo Córdova.

Es hora de pedir entrevistas. Es tiempo de pedir derecho de réplica.
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Andrés Manuel López Obrador, Presidente legítimo de México: "Enfrentemos el más grande de todos los desafíos que nos haya tocado vivir. Hagámoslo con la firme convicción de que actuamos en beneficio de todos. Seguramente vamos a ser mal vistos por los potentados y usurpadores, podemos, incluso, resultar incomprendidos por quienes, aunque pertenecen al pueblo y sufren por el mal gobierno, carecen de información o sencillamente piensan distinto a nosotros. Pero tengamos nuestra conciencia tranquila porque estamos actuando con propósitos más elevados que nuestras propias aspiraciones personales. Debemos enseñar, con nuestra manera de pensar y de actuar, de que la vida pública no puede estar desprovista de moralidad. Que la política motivada por la mera búsqueda de intereses, carece de contenido humanitario. Que no sólo se debe luchar en pos de cosas materiales, sino también para fortalecer nuestros valores morales, culturales y espirituales."

"Y seamos felices, cuando el día de mañana, jamás nadie pueda decir que hemos sido incongruentes o que hemos fallado a un compromiso o traicionado una causa justa.

Amigas y amigos:

Vivimos tiempos definitorios, que ponen a prueba la autenticidad y fortaleza de nuestras convicciones. Sé que todo esto implica sacrificios, pero debemos asumir nuestra responsabilidad histórica. Como lo dijo coloquialmente un hombre sabio, el liberal guerrerense, don Juan Álvarez, cuando había que enfrentar al tirano Antonio López de Santa Anna: “¡carajo, de veras que esta ancheta es muy estrecha. No hay ni pa’ donde hacerse!”.

De modo que adelante y buen camino.

¡Viva la resistencia civil pacífica!

¡Viva la soberanía nacional!

¡Viva México!
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lunes, marzo 24, 2008

cartel

El virus.

De norte a sur, por la cultura y por las venas de México, un "virus" trasnacional se (re)produce en los símbolos y las imágenes públicas. Somos el patio trasero de un vecino "enfermo" por la guerra "de las imágenes" y de "los símbolos". La invasión cultural estadounidense no ha sido silenciosa: nuestro input (in)formativo está estructurado por un cosmos sangriento. Somos un país roto, lesionado pero aún vivo. Cozumel, una isla del caribe mexicano, contiene en sus códigos la metáfora de lo que somos: éxtasis (neo)liberal y "devastación" social. La frontera de Tijuana, militarizada, cercada por la muerte, "apretada". El neoliberalismo tenía como objetivo "la devastación" y está a punto de lograrlo. Ya casi no queda nada. México vive una emergencia: somos extranjeros en nuestra propia tierra.

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Sobre cómplices y cipayos

Hoy en La Jornada, Carlos Fazio, comenta sobre el papel de los medios en el conflicto FARC y el gobierno Colombiano de Álvaro Uribe: "En la coyuntura, destaca el papel jugado por los diarios afiliados a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), primer eslabón creado y financiado por la CIA a finales de la Segunda Guerra Mundial para homogeneizar a la opinión pública de las Américas [...] Durante la guerra fría la SIP fue utilizada por Washington para convertir a la “prensa libre” en ecos metálicos de la voz del norte; en mera repetidora de información tergiversada o inventada por la CIA y distribuida por la Agencia de Información al Público de Estados Unidos (USIA). Washington proporcionaba los argumentos y los medios, y los grandes diarios, como ocurre hoy, prestaban sus nombres.En nuestros días ha sido vergonzoso el papel colaboracionista de varios diarios y comentaristas mexicanos que han seguido al pie de la letra el guión del eje Washington-Bogotá."

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domingo, marzo 23, 2008

¿Otra vez Cuauhtémoc?

Olvidate que Cuauhtémoc es hijo del general Lázaro Cárdenas. Olvídate que fue "víctima de un fraude" que impuso en la presidencia a Carlos Salinas de Gortari. Olvídate que en el sexenio salinista murieron más de 500 perredistas, víctimas de la represión. Olvídate que Cuauhtémoc co-fundó el PRD. Olvídate de todo eso, y empezemos de nuevo: Cuauhtémoc Cárdenas fue un torpedo público a la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador; un factor deliberado de (des)unión. Y no es todo, "el ingeniero" fue un casquillo de Vicente Fox al aceptar (a media campaña) la condecoración de ser el "Comisionado del bicentenario de la Independencia y del centenario de La Revolución". Y ahora, en las elecciones del partido que co-fundó, de la mano de La República de la Televisión, intenta reventar el triunfo de Alejandro Encinas.

Borra el adjetivo "líder moral" de tu memoria.

sábado, marzo 22, 2008

Zizek

"Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido y más generoso, ¿en qué queda la ética?"
El país. Entrevista.

P. ¿Hay dignidad en la guerra de Irak?

R. He escrito sobre ello en La tetera prestada

[que Losada publicará en España en julio], utilizando un viejo adagio iraquí: un tipo se queja ante otro de que le ha devuelto rota la tetera que le prestó. El otro responde que nunca tomó prestada una tetera. Luego puntualiza que la devolvió intacta. Y añade que, en cualquier caso, la tetera ya estaba rota cuanto la tomó prestada. Las justificaciones de Washington para la guerra de Irak son igualmente incongruentes. George Bush afirmó que Irak disponía de armas de destrucción masiva. Más tarde, que aunque no tuviera esas armas cooperaba con Al Qaeda y constituía una amenaza para el mundo. Al final argumentó que Sadam Husein era un dictador terrible y que eso era razón suficiente para derrocarle. En realidad, las razones eran la extensión de la democracia, la demostración de la hegemonía mundial de Estados Unidos y el control del petróleo, argumentos incongruentes entre sí que condenaban al fracaso la invasión.

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[...]Tenemos que reinventar la ética. Hoy es posible implantar un chip en un ratón y teledirigirlo. ¿Se da cuenta? Obviamente, será posible hacer lo mismo con un ser humano.

P. Eso es crear un Golem.

R. Se plantea una cuestión filosófica: ¿cómo experimentará ese ser humano el control remoto? ¿Tendrá consciencia de que le controla una fuerza exterior? ¿Creerá ser él mismo el emisor de las órdenes? Me inclino por la segunda hipótesis: el ser humano teledirigido no se dará cuenta de nada, se sentirá libre.


Zizek

"Mi lema es: ninguna libertad para los enemigos de la libertad."
Zizek

Jorge Luis Borges

La Escritura del Dios.

La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto, y un carcelero que ha ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.
He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo.
La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero éste no me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal.
Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui revelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla.
Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.
Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.
Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.
No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel testo. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.
Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárdel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: "No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente."
Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: "Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños." Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros.
Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansablee laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.
Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escriturad del tigre.
Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.
Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

Por respeto al público, este post contiene RISAS GRABADAS

"Quien ignora la ley y las instituciones de la República, ofende la memoria de Benito Juárez."
Felipe Calderón Hinojosa.

Ilya Prigogine. Espacio/Tiempo

Robo en argentina, petróleo y privatizaciones



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Aquí la historia de las privatizaciones en la Argentina menemista. Entregaron minas, telecomunicaciones, aerolíneas, carreteras y ferrocarrlies. Disecaron a los sindicatos y detonaron el desempleo. Hirieron de muerte a las "economías locales" y se endeudaron hasta la asfixia, para, finalmente, (con el país en ruinas), entregar el petróleo. Menem y su grupo fueron lo que en México Carlos Salinas de Gortari, y ahora, "el español" Mouriño. Todos, traidores a su patria y a su "matria".

Contra(comunicado):

Como decía Henry David Thoreau, "No pido inmediatamente que no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor". El orígen de Medios y política fue el fraude electoral del 2006: nació La República de la Televisión y la programa(ción) se volvió dicta(dura): un monopolio opinativo de Tercer Grado. Aquí en 'Medios y política' están las evidencias comunicacionales que sostienen nuestra tésis: Felipe Calderón no ganó las elecciones; la oligarquía lo impuso mediante un fraude para auto(comprarse) lo que queda de México. Y lo repitieron imponiendo a Enrique Peña Nieto en el 2012. Por eso pedimos lo posible: que se restaure La República.

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Huracán: La política secreta neoliberal

Huracán: "Ayotzinapa. El motivo"

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